Hace exactamente 60 años, Inglaterra y Alemania Federal protagonizaron una de las finales más polémicas de la Copa del Mundo. 96.924 espectadores colmaron el antiguo Estadio de Wembley, en Londres. Sin embargo, hasta el minuto 11 del tiempo suplementario, casi reparó en Tofiq Bahramov. Las miradas estaban puestas en los jugadores, en el árbitro suizo Gottfried Dienst y también en el palco, donde la reina Isabel II seguía el partido acompañada por el príncipe Felipe y el presidente de la FIFA, Sir Stanley Rous. Sin embargo, sería aquel juez de línea azerbaiyano quien terminaría tomando la decisión más recordada -y cuestionada- de la final.
Minuto 101
Inglaterra estuvo muy cerca de conquistar su primera Copa del Mundo en tiempo regular. El partido agonizaba y ganaba 2 a 1. Sin embargo, en el minuto 89, Alemania Federal consiguió empatar el marcador. El gol de Wolfgang Weber silenció Wembley y llevó la final al tiempo suplementario. Había que empezar de nuevo…
A los 11 minutos del alargue, Alan Ball avanzó por la derecha y lanzó un centro al área. Geoff Hurst controló la pelota, giró y remató. El disparo dio en la parte inferior del travesaño, cayó casi verticalmente, picó cerca de la línea y regresó al campo. La jugada desató el caos. Los alemanes alzaron los brazos, convencidos de que la pelota no había entrado. Los ingleses reclamaron el gol.
Dienst no había visto con claridad dónde había picado la pelota. En medio del clamor, buscó con la mirada a Bahramov. Corrió hacia él. No hablaban el mismo idioma y tampoco había tiempo para analizar la jugada. Apenas intercambiaron algunos gestos.
Bahramov asintió con la cabeza: para el juez de línea era gol. Dienst señaló el centro del campo e Inglaterra pasó a ganar 3-2. En el último minuto, Hurst volvió a marcar y selló la victoria con un 4-2 definitivo. Por primera (y única vez) Inglaterra levantó la Copa del Mundo.
Mientras los jugadores celebraban y la reina entregaba la Copa, Tofiq Bahramov dejaba de ser un desconocido. Todavía no lo sabía, pero su decisión iba a ser discutida durante décadas y lo convertiría en el protagonista de una de las mayores polémicas del fútbol: el “gol fantasma”.

Quien era Tofiq Bahramov
Hasta aquel día, fuera del mundo del fútbol, Bahramov era prácticamente un desconocido. Nació el 29 de enero de 1925 en Bakú, capital de la entonces República Socialista Soviética de Azerbaiyán, una de las repúblicas que integraban la Unión Soviética. Por eso, en el Mundial de 1966 representaba oficialmente a la URSS y durante años, en Inglaterra, fue recordado como “el juez de línea ruso”.
De joven quiso ser futbolista. Jugó en distintos clubes de ciudad natal, pero una lesión en una pierna puso fin a su carrera. Su llegada al arbitraje fue casi por casualidad. En 1952, el árbitro designado para un partido del equipo juvenil del Dinamo no se presentó y Bahramov ocupó su lugar. Fue un reemplazo improvisado pero marcó el comienzo de su carrera en el arbitraje.

Empezó dirigiendo en la liga soviética y en 1965 recibió el título de Árbitro Internacional. Después, fue elegido para participar del Mundial de Inglaterra. Actuó como juez de línea en el partido inaugural entre el equipo anfitrión y Uruguay y como árbitro principal en la victoria de España por 2-1 frente a Suiza. Su desempeño le valió la designación como uno de los asistentes de Gottfried Dienst en la final de Wembley.
Una decisión que nunca abandonó
Después de la final en Wembley empezó una discusión que Bahramov cargaría durante el resto de su vida. En su autobiografía “El arbitro señala el centro”, publicada en 1972, contó que desde su posición había visto la pelota levantar la red detrás del travesaño. Por eso, cuando Dienst se acercó a consultarlo, indicó que había sido gol. “Sí, lo vi con claridad. El rostro desconcertado de Tilkovsky, sus brazos alzados sobre la cabeza, el balón abultándose en la red de nailon blanco tras el travesaño, la espalda ancha e inmóvil de Hurst. La imagen parecía congelada ante mis ojos, y ni siquiera me percaté de cómo uno de los jugadores alemanes cabeceó el balón rebotado fuera de la portería”, explicó.
Sin embargo, también admitió que la duda lo acompañó durante los últimos minutos del partido. “En mi cabeza había un solo pensamiento: ¿me habría equivocado?”, escribió. Según su relato, ya en el vestuario volvió a mirar la jugada por televisión, creyó ver que la red se movía y recuperó la tranquilidad.
En ese mismo libro, Bahramov cuestionó algunas decisiones tomadas durante el Mundial. Una de ellas fue la expulsión de Antonio Rattín en el partido entre Inglaterra y la Argentina. Rudolf Kreitlein, árbitro de aquel encuentro, le explicó que no entendía español, pero que había interpretado al capitán argentino por la expresión de su rostro. A Bahramov la decisión no le pareció correcta: “No creo que las expresiones faciales sean motivo suficiente para una expulsión, especialmente durante un partido crucial”.

Volviendo al “gol fantasma”, los alemanes jamás aceptaron el gol. Hans Tilkowski, el arquero que vio caer la pelota delante de él, mantuvo su postura durante toda su vida. “Todavía hoy estoy cien por ciento seguro de que no fue gol. La pelota picó sobre la línea”, afirmó en una entrevista publicada por la FIFA en 2016.
Del otro lado, Hurst siempre sostuvo que la pelota había entrado. Como prueba usaba la reacción de Roger Hunt, el compañero mejor ubicado para el rebote. “Hunt no corrió para empujar el rebote se dio vuelta y comenzó a celebrar”, dijo en una entrevista publicada por FIFA en 2016. En su razonamiento, si hubiera tenido alguna duda, habría seguido la jugada para asegurarse el gol.
En ese entonces, las grabaciones disponibles no lograron cerrar la discusión. Ninguna cámara estaba situada en el ángulo exacto. Durante años, las imágenes fueron detenidas, ampliadas y observadas cuadro por cuadro. Esa jugada se conoció como “el gol fantasma”. La expresión se popularizó con los años para definir un gol que figuró en el marcador, aunque nunca pudo comprobarse que la pelota hubiera cruzado por completo la línea. En Alemania recibió otro nombre: Wembley-Tor, el “gol de Wembley”.
Alrededor de Bahramov también crecieron algunas leyendas. Ninguna pudo confirmarse. La más conocida dice que, poco antes de morir, alguien le preguntó por qué había concedido el gol y él respondió con una sola palabra: “Stalingrado”. La frase habría convertido su decisión en una tardía venganza soviética contra Alemania por la batalla de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, no existe una fuente documental sólida que permita afirmar que realmente la pronunció.
La respuesta 30 años después
Casi treinta años después, Ian Reid y Andrew Zisserman, investigadores de la Universidad de Oxford, analizaron dos filmaciones tomadas desde distintos lugares del estadio. Mediante técnicas de geometría proyectiva, reconstruyeron la posición y la trayectoria de la pelota. Su conclusión favoreció la versión alemana: la pelota no había cruzado completamente la línea. Según sus cálculos, todavía le faltaban al menos unos siete centímetros para que el gol fuera válido.
Si bien el estudio no podía cambiar el resultado ni terminó por completo con la polémica, dejó una paradoja: Bahramov había tenido apenas unos segundos para resolver, desde un lateral y en medio del ruido de Wembley, una jugada que tres décadas más tarde necesitó filmaciones, computadoras y complejos cálculos matemáticos para determinarla.

La polémica no perjudicó su carrera. Bahramov participó como juez de línea en tres encuentros del Mundial de México 1970, entre ellos la semifinal disputada por Brasil y Uruguay. En 1972 fue el árbitro principal del primer partido de la final inaugural de la Copa UEFA, entre Wolverhampton y Tottenham. Después de retirarse, siguió ligado al fútbol y llegó a desempeñarse como secretario general de la federación azerbaiyana.
Bahramov murió el 26 de marzo de 1993, a los 68 años. Ese mismo año, el estadio Lenin de Bakú fue rebautizado con su nombre. Para Azerbaiyán fue una figura nacional por haber sido uno de los primeros hombres de su país en alcanzar reconocimiento mundial dentro del fútbol.

Casi cuatro décadas después, en 2004, Hurst viajó a Bakú para inaugurar una estatua en honor a Bahramov. “Puedo asegurarles al cien por ciento que el gol fue legítimo. En nombre de toda Inglaterra, quiero agradecerle a la familia de Tofiq Bahramov”, dijo durante la ceremonia. Luego, el exdelantero inglés le entregó al hijo del juez de línea una camiseta con la frase “muchas gracias” escrita en azerbaiyano.
“Lo vimos todos en el mundo”
Durante sus años como director técnico de la Selección Argentina, Diego Armando Maradona también habló de “el gol fantasma”. Fue en conferencia de prensa, cuando le preguntaron cómo se sentiría si hubiese quedado eliminado de una Copa del Mundo por un gol ilegítimo, hecho con la mano. Se referían a “la mano de Dios” que dejó a Inglaterra fuera de juego en México 1986.
-¿Puedes entender o comprender un poco la actitud que tiene Butcher (jugador inglés), sus sentimientos?, preguntó un periodista.
Maradona: -Inglaterra ganó una final con un gol que no fue. Lo vimos todos en el mundo. Y nadie dijo nada. La historia no se cambió. Entonces Butcher a mí no me puede juzgar de ninguna manera. Es verdad. no entró. Un pedazo así (alza las manos y separa las palmas por más de 30 centímetros).