Javier Duette relata la experiencia de lo que fue su peor trabajo como si hubiera pasado en otra vida. Duda en llamar “trabajo” a esa changa que aceptó a los 17 años, apremiado por la necesidad.
Su tarea era juntar desechos de nylon de un galpón de José León Suárez. No le pagaban un monto fijo. Lo que cobraba dependía de la cantidad de kilos que lograba juntar en un bolsón de un metro de alto que cargaba de un lado a otro del predio.
“Era un trabajo casi esclavo. Para cobrar lo que hoy serían unos 6.000 pesos, podía pasar dos días juntando nylon”, relata sobre aquella experiencia, la más marginal y peor paga de todos los trabajos que tuvo.
Para Javier, esa era la única realidad posible: un mundo de changas informales y la sensación de que, por vivir en un barrio vulnerable y no tener el secundario completo, las puertas al empleo registrado siempre estarían cerradas.
Pero ahora, seis años después y aunque viva en el mismo barrio, el presente es muy distinto: Javier fue contratado por una empresa textil y hace carrera como supervisor.
“Hace poco me preguntaron si le tengo miedo a los aviones porque capaz me salga una capacitación en Brasil”, dice este chico que hace dos veranos viajó a la Costa y conoció el mar por primera vez.
Según datos del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, solo 3 de cada 100 jóvenes de los sectores más pobres consiguen un trabajo formal.
Si se la contrasta con este número, podría pensarse que la historia de Javier es una excepción propia de la suerte. Pero no. Es consecuencia del trabajo sostenido de Noble Transfers, una empresa que lleva años desafiando esa estadística.
La empresa es algo así como un laboratorio de inclusión: entre sus 85 empleados hay más de 20 que vienen de sectores vulnerables y esta es su primera experiencia laboral formal.
Para lograrlo, el director de operaciones, Oscar Szente, estableció una alianza con la Fundación Empujar, una organización que se dedica a preparar para el empleo a jóvenes que viven en la pobreza. Actualmente, 15 de sus trabajadores llegaron de la mano de la Fundación.
Sumá talento joven a tu equipo
- Si trabajás en recursos humanos, sos empresario o tenés un comercio o emprendimiento, podés emplear egresados de Empujar, una organización que capacita y ayuda a conectar a jóvenes vulnerables con el mundo del trabajo formal. Podés contactar a Empujar desde este link.
“Muchos empresarios buscan ‘postulantes jóvenes pero con experiencia’. Piensan que formar a alguien es costoso y requiere tiempo”, explica Szente. Pero su visión es opuesta: “Si acompañás el proceso de aprendizaje de estos chicos, pasan cosas hermosas”, asegura.
Entonces cuenta el caso de sus dos coordinadores de planta. “Empezaron muy de abajo, siendo ayudantes. Pero fueron tomando las oportunidades de capacitación que les fuimos presentando y hoy coordinan sectores clave”, explica. “Cuando tenés estas historias, es muy inspirador para todos”, dice.
Pero, más allá de los casos concretos, la mirada del empresario sobre la inclusión tiene raíces personales. Oscar es la primera generación universitaria de su familia y tuvo que recorrer solo el camino que lo llevó desde su Bahía Blanca natal hasta liderar una fábrica.
Desde esa impronta es que interpela a los supervisores de sus equipos cuando se quejan de la falta de destreza de los nuevos ingresantes. Es ahí cuando replica uno de los tantos diálogos que tiene con esos líderes:
—¿Y vos cómo arrancaste? —les dice.
—Barriendo —responden.
—Alguien te dio una oportunidad. Si tu jefe hubiera sido como vos, hoy no estarías acá. Hoy te toca a vos dar esa oportunidad —cierra.
La articulación con Empujar le permitió a la textil profesionalizar su compromiso social. Oscar destaca que los jóvenes que llegan a través de la organización tienen un valor diferencial frente a otros candidatos.
“Estos chicos ya tuvieron la constancia para sostener el curso. Son responsables y por lo general traen una buena capacidad de comunicación que pulieron en la capacitación”, explica.
Esto contrasta con los prejuicios habituales del sector corporativo, que suele asociar a la juventud vulnerable con la falta de cultura de trabajo o poco compromiso. Es lo contrario de lo que registra Noble Transfers. “Tienen muchísimas ganas de aprender y trabajar”, asegura Szente. Y agrega: “Por lo general no faltan. El esfuerzo de capacitarlos es grande, pero a cambio tenés personas muy comprometidas con la empresa”.
“Yo me quedé”
Javier vive en 9 de Julio, un barrio popular de José León Suárez, en el partido bonaerense de San Martín. Ahí comparte casa con su mamá y su sobrina.
Tenía 16 años cuando tuvo que dejar la escuela para ayudar con los cuidados de su papá, que se había enfermado. “Cuando él falleció, poco tiempo después, tuve que salir a trabajar”, recuerda.
Ahí comenzó un derrotero que incluyó trabajos informales en fábricas y comercios que muchas veces se cortaban cuando sus empleadores se enteraban de que era menor de edad.
También tuvo que aprender a lidiar con la frustración de que no lo seleccionaran para puestos a los que se postulaba. “Creo que a veces no me tomaban por no tener el secundario completo y por la zona en la que vivo. A veces te rechazan si tu barrio es una zona peligrosa”, dice.
Un año más tarde, un amigo le contó sobre la sede que Empujar tiene en el polo industrial de Suárez y se acercó. “Cuando nos explicaron que era una capacitación y no un trabajo en sí mismo, muchos de los que estaban se levantaron y se fueron. Yo me quedé”, dice con orgullo.
Una de las cosas que rescata de su paso por Empujar es que le enseñaron a valorar toda su experiencia laboral. “Como era informal, yo no la ponía en mi CV. Y ahí aprendí que era muy valiosa”, reconoce.
También lo ayudaron a gestionar mejor su timidez extrema, que lo llevaba incluso a tartamudear.
Cuando terminó el curso, Javier se dedicó a cortar el pelo en su barrio, con una máquina que se había comprado. Poco tiempo después, desde Empujar le avisaron de la oportunidad laboral en Noble Transfers. Lo entrevistaron y quedó. “Me gusta el trabajo y además queda a 15 minutos de mi casa en moto”, cuenta.
Capacitado por técnicos de Brasil, Javier coordina equipos de hasta cuatro personas y participa de reuniones de liderazgo para proponer soluciones operativas en la impresión de remeras y camisetas de fútbol, el foco de la empresa.
El empleo pleno cambió su identidad y sus posibilidades:
Logró comprarse una moto.
Llevó a su familia de vacaciones a San Clemente por primera vez.
Se hace cargo de los gastos de su sobrina de 10 años.
En su casa está construyendo una habitación para él, con entrada independiente.
“Pasé de un sueldo en negro que me pagaban cuando querían a este presente en donde puedo progresar”, dice Javier agradecido.
Para Oscar Szente, ser una puerta de entrada al mercado laboral vuelve a Noble Transfers doblemente exitosa. “A veces duele ver que un recurso que especializaste se te va porque consigue una mejor oportunidad laboral. Pero ahí también es cuando sentís que tu misión está cumplida”, concluye.
Sumá talento joven a tu equipo
- Si trabajás en recursos humanos, sos empresario o tenés un comercio o emprendimiento, podés emplear egresados de Empujar, una organización que capacita y ayuda a conectar a jóvenes vulnerables con el mundo del trabajo formal. Podés contactar a Empujar desde este link.
Vidas Desiguales
Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables