Mundial 2026: Paraguay le ganó a Turquía con un gol al minuto, lo eliminó y discutirá el segundo puesto contra Australia

COMPARTIR

Renació Paraguay en el Mundial 2026. O, mejor dicho, nunca murió. Parece una tarea difícil de conseguir y, por lo pronto, deberán derribarlo en la última fecha, cuando se enfrente a Australia en un mano a mano por el segundo puesto del grupo D, que ya ganó Estados Unidos. En un partidazo de madrugada, Turquía no pudo. Ni siquiera cuando jugó con un hombre más todo el segundo tiempo por una infantilidad de Miguel Almirón. Que el gol de Matías Galarza Fonda fuera a los 64 segundos de partido fue la mejor noticia: recordó su fiereza de las Eliminatorias y le hizo honor a su historia.

El debut significó un golpe de realidad para la Albirroja. De pronto, se terminaron las sonrisas simpáticas y los discursos filosóficos del entrenador Gustavo Alfaro, ya no existió otra emoción por la primera vez como la que se permitió exponer ante los medios el volante Diego Gómez previo al estreno. La seriedad predominó, la arruga en el entrecejo se evidenció. “Péguenme a mí y apoyen a los jugadores, que yo me voy después del Mundial y ellos los van a seguir representando”, lanzó el argentino. Situación límite, delicada, desde los primeros minutos de su Copa del Mundo, la que esperó 16 años.

Matías Galarza Fonda se desahoga por su tempranero tanto mientras Julio Enciso lo persigue con la misma felicidad: ambos se encargaron de sostener la pelota arriba cuando el equipo jugó con diez hombres.

La anécdota cuenta que la delegación argentina de Qatar 2022 se miró a los rostros tras el golpazo inicial e inolvidable que le propinó Arabia Saudita y se transmitió que ya no se trataba de clasificar a los octavos de final, sino de “finales”, de partidos de eliminación aunque no lo fueran. Una manera de presionarse y saber de qué estaban hechos, sintiéndose casi un experto al afrontar las verdaderas instancias decisivas.

Cada uno con sus vivencias, relatos y proyecciones en un Mundial, Paraguay se miró igual: reaccionar o retroceder rápidamente hacia el sur del continente. Los turcos, igual de necesitados, fueron su primera gran prueba. La aprobó: con un acierto inmediato y una coraza irrompible que resistió prácticamente los 90 minutos con el cuchillo entre los dientes.

El abrazo de Julio Enciso y Gustavo Alfaro, con agradecimiento mutuo, tras el encuentro clave que lograron ganar frente a Turquía.

De otra manera, ¿sería Paraguay? Ellos lo responden: ahí van los jugadores, saltando de alegría y desahogándose; allí camina Alfaro mientras se seca las lágrimas, acompañado de Justo Villar, un emblema que pareció agradecerle. Así lo viven, así lo sienten.

Por eso, el silbatazo inicial los lanzó. En busca de la vida. Guerreros que no le temían al escenario. Y que apenas cruzaron la mitad de la cancha, armaron un golazo. Andrés Cubas tocó para Julio Enciso y éste rebotó para Galarza Fonda: el zurdazo raso de media distancia fue cruzándose como aquel de Lionel Messi a México que destrabó todo. Salvando distancias con el Lusail, en el Levi’s Stadium de San Francisco pasó algo similar.

En la misma jornada en la que se habló del gol más rápido de este Mundial, por el que Ismael Saibari marcó a los 70 segundos de juego para el triunfo de Marruecos, tanta voracidad paraguaya lo borró en cuestión de horas, ya que fue a los 64.

El desarrollo, entonces, se alteró. A Turquía le volvió rápido la imagen defensiva australiana, pero con forma guaraní: duele y cuesta más, claro. Que contó, además, con un milagro: a los 34 minutos, Junior Alonso intentó defender en el aire una pelota detenida y su cabezazo accidental impactó primero en el travesaño y, luego, en un poste.

No contaba con el accionar infantil de Almirón sobre el cierre de la primera parte: en medio de las tantas discusiones que brindó un encuentro caliente, se tapó la boca para dialogar de mala manera con un rival y, mediante el VAR, fue echado: la “ley Prestianni” se aplicó por primera vez. Si la postura del conjunto de Alfaro tras el gol fue resistir y contragolpear, habría un tiempo completo de resistencia con diez hombres.

La doble cara de la moneda: la felicidad paraguaya por un triunfo que necesitaban los dos y la tristeza turca por ser eliminados de la competencia.

Defender y dejar la posibilidad del respiro en los pies ágiles de Enciso y Galarza Fonda, de eso se trató. Los dirigidos por Vincenzo Montella, como hace seis días, no encontraron huecos más que en una ocasión, recién a falta de un minuto: Orlando Gill tapó el centrado remate de Can Uzun. A esa altura, los de Alfaro tenían en el campo a seis defensores.

Turquía es la segunda selección eliminada por el desempate olímpico que rige desde esta edición, sin poder superar en la tabla a los dos rivales con los que cayó. Paraguay, en cambio, disfruta de la vida que se ganó y en unos días la hará valer: si vence a los Socceroos, clasificará segundo.


COMPARTIR