En las calles alemanas vivió fuertes choques culturales, pero cuenta por qué se quedó: “Suelen ser personas muy leales”

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En las calles de Núremberg, Alemania, Carolina Biagiotti se encontraba junto a su marido esperando en su auto con el motor encendido. Una mujer se acercó y, sin rodeos, les dijo que apagaran el motor porque estaban contaminando innecesariamente el aire. La pareja argentina le pidió disculpas y apagó el vehículo. De inmediato, la señora mostró un buen semblante y siguió su camino.

“Ese fue uno de los impactos a mi llegada: el nivel de cuidado de los espacios públicos y la conciencia ambiental. Los alemanes suelen ser muy directos, a veces puede parecer brusco para nosotros, pero con el tiempo entendí que están corrigiendo una acción que consideran incorrecta y no suele ser algo personal”, dice Carolina, una mujer que en otros tiempos no imaginó que Alemania podría convertirse algún día en su hogar.

Nueva vida en Núremberg, Alemania

La vida antes de Alemania, el punto de quiebre y una llave para volar

Antes de Alemania, la vida de Carolina transcurría entre el trabajo y el estudio. Tenía un terciario en su haber y trabajaba full time. Sin embargo, el deseo de poseer un título universitario vivía en ella y se anotó en la facultad con la ilusión de conquistarlo. No pudo, durante un año y medio hizo malabares para sostener las dos cosas, pero se quedaba dormida en las clases. Salir al alba y regresar a la medianoche tuvo sus costos y, finalmente, comprendió que no era sano ni sostenible.

Dejar la carrera no fue una decisión fácil, y si bien su sueño universitario no murió, jamás imaginó que podría concretarse en Alemania. Varios años atrás, había conocido aquel país gracias a una beca del secundario. Concursó junto a otros jóvenes de diversos colegios y resultó la ganadora: “Cuando me avisaron que había ganado la beca llamé a mis papás para contarles y pensaron que les estaba haciendo un chiste. No podían creer que, entre tantos postulantes, hubiera quedado seleccionada. Fuimos seis estudiantes de Argentina que ganaron el premio”, cuenta.

Carolina Biagiotti

Ese viaje fue un antes y un después, no regresó pensando que quería mudarse a Alemania, pero en ella sí se había despertado una curiosidad por seguir explorando ese nuevo mundo, una fantasía que revivió al sentir que en Argentina era difícil cumplir su sueño.

Investigó sus posibilidades, tramitó los papeles necesarios, se paralizó por el Covid, y cuando sintió que todo estaba perdido, los planetas se alinearon, renunció a su trabajo, y con 23 años arribó en Núremberg, una ciudad histórica de unos 500 mil habitantes en el sur de Alemania.

Un amor que espera, un shock de adultez y un nuevo comienzo: “Me sentía un poco un bicho raro”

Desembarcó en 2021 con miedos e ilusiones, no solo por el nuevo país, sino porque del otro lado del océano aguardaba su novio, compañero de la aventura, que había arribado a Alemania unos meses antes. Llevaban muchas semanas sin verse y se lanzaban a la convivencia por primera vez. Los cambios eran drásticos en varios sentidos y nada estaba garantizado: “Por suerte salió mejor de lo que imaginábamos: el año pasado nos casamos en Argentina”, revela Carolina.

Carolina en las calles de Núremberg.

Para la joven, los primeros días fueron una mezcla de emoción, adrenalina y una sensación constante de estar viviendo algo completamente nuevo. Carolina llegaba al edificio, miraba el buzón de cartas y veía su apellido, Biagiotti, escrito ahí y se emocionaba: “Parece una tontería, pero fue uno de esos momentos que no me voy a olvidar nunca. Sentí una especie de shock de adultez. Era la confirmación de que realmente me había mudado a otro país y que esa nueva vida estaba empezando”, explica.

Pero cuando el romanticismo de la llegada menguó, llegó la inserción al sistema y su burocracia: empadronarse, conseguir una obra social, buscar un médico clínico, abrir una cuenta bancaria y aprender cómo funciona todo.

Una vez instalada, Carolina comenzó la universidad bajo el sistema dual, un camino habitual en Alemania, que combina trabajo y estudio universitario al mismo tiempo: “La propia universidad me becó y me dio la posibilidad de trabajar allí mientras estudiaba”.

“El primer día fue un desafío. Aunque tenía un buen nivel de alemán, me sentía un poco un bicho raro. Era la única estudiante extranjera del aula y las primeras interacciones no fueron fáciles. Con el tiempo eso cambió completamente, pero recuerdo perfecto esa sensación inicial de estar intentando encontrar mi lugar en un entorno totalmente nuevo”.

Calidad de vida en Núremberg y costumbres: “Tuve algunos choques culturales divertidos”

En Núremberg, la calidad de vida se destacó desde el comienzo. A pesar de ser la segunda ciudad más grande de Baviera, Carolina descubrió una urbe abarcable y con un ritmo tranquilo, entre canales, un centro histórico amurallado que parece salido de un cuento y un castillo que domina gran parte de la ciudad. Quedó fascinada por los tranvías pasando por el medio de la ciudad y los edificios medievales perfectamente conservados.

Destruida en un noventa porciento durante la Segunda Guerra Mundial, le contaron que fue reconstruida respetando gran parte de su aspecto original: “Caminar por sus calles y pensar en toda la historia que pasó por acá sigue sorprendiéndome”, asegura la joven argentina. “Hay construcciones del siglo XIII que forman parte del paisaje diario y eso para alguien que viene de Argentina sigue siendo impresionante”.

“También me encontré con muchas costumbres que me llamaron la atención. Una de las primeras fue sacarse los zapatos al entrar a una casa. Hoy me parece completamente normal, pero al principio me resultaba extraño”, continúa. “Otra cosa que me sorprendió fue la bicicleta. Sabía andar, claro, pero nunca la había pensado como un medio de transporte real ni como una actividad para disfrutar. Acá empecé a usarla para moverme por la ciudad y terminé incorporándola a mi vida cotidiana”.

Carolina junto a su marido, también argentino.

“Tuve algunos choques culturales divertidos. Recuerdo una noche que nos estábamos preparando para salir a cenar. Entre bañarnos, cambiarnos y decidir a dónde ir, se hicieron las diez de la noche. Cuando finalmente salimos del departamento nos dimos cuenta de que ya estaba prácticamente todo cerrado. Terminamos volviendo a casa y pidiendo una pizza”.

“Los domingos fueron otro aprendizaje. Al principio me parecía rarísimo que estuviera todo cerrado. Con el tiempo entendí que esa costumbre también refleja una filosofía de vida: el descanso es importante y se respeta. Hoy, de hecho, es una de las cosas que más me gustan. Aprendí a aprovechar esos días para hacer caminatas, recorrer la naturaleza o simplemente desconectarme. Nunca imaginé que iba a disfrutar tanto de hacer trekking, y, sin embargo hoy es uno de mis planes favoritos”.

Carolina descubrió una sociedad que respeta el descanso y disfruta de la naturaleza:

Trabajo y calidad humana en Núremberg: “Suelen ser personas muy leales”

El plan original era venir por los años universitarios, sin embargo, Carolina nunca se fue. Al culminar su carrera de licenciatura en Administración de Empresas con la especialidad en recursos humanos, le ofrecieron trabajar en la universidad y decidió tomar la oportunidad que, hasta hoy, le permite acompañar a estudiantes internacionales, muchos de Latinoamérica.

Para la joven argentina, su trabajo es muy gratificante. El hecho de poder entender muchas de las dudas, miedos e inseguridades que tienen los estudiantes extranjeros cuando recién llegan, se siente muy bien. Ella se ve reflejada en ellos y trata de transmitirles tranquilidad y motivarlos: “Alemania emergió llena de posibilidades, tanto para trabajar como para formarme profesionalmente. Sin embargo, el idioma hace la diferencia y abrió muchísimas puertas. Sin el idioma, todo se vuelve más difícil”.

“Alemania emergió llena de posibilidades, tanto para trabajar como para formarme profesionalmente. Sin embargo, el idioma hace la diferencia y abrió muchísimas puertas. Sin el idioma, todo se vuelve más difícil”.

Y entre los locales, Carolina también se mueve con soltura y bienestar: “Me gusta mucho la identidad local. La gente se siente muy orgullosa de Franconia, la región donde está Núremberg. A veces incluso se sienten más francones que bávaros o alemanes. Y el mercado navideño es una experiencia única que cada año vuelve a enamorarme”, describe.

“Respecto a la calidad humana, mi experiencia con los alemanes fue muy positiva. Es cierto que al principio pueden parecer más reservados que los argentinos y que les lleva más tiempo entrar en confianza. Pero una vez que construís un vínculo, suelen ser personas muy leales. Con el tiempo entendí que no es que sienten menos, simplemente expresan las cosas de una manera diferente. Por otro lado, siempre traté de compartir un pedacito de Argentina con la gente que fui conociendo. De hecho, tengo dos amigas alemanas que hoy toman mate con naturalidad y eso me sigue causando gracia”.

Carolina admira y disfruta mucho las tradiciones locales.

Aspectos llamativos de la cultura laboral y la obtención de la ciudadanía alemana: “No siento que reemplaza una identidad por otra”

La cultura laboral fue una revelación. Carolina jamás olvidará aquella vez, cuando llegó a una panadería a las 17:59 y cerraba a las 18. La empleada le cerró la puerta en la cara y ella sintió bronca. Con el tiempo comprendió que para la mujer eran las seis de la tarde, su horario había terminado y quería irse a su casa. La experiencia le enseñó a la argentina a dejar de interpretarlo como algo personal, entendió que cada persona cumple con su trabajo y sus horarios: “Desde entonces aprendí a llegar diez minutos antes”, dice.

“Valoro mucho las condiciones laborales, en mi caso tengo treinta días de vacaciones al año. Existe un gran respeto por el tiempo personal. La jornada laboral tiene un principio y un final bastante claros. Nadie espera que te quedes horas extra para demostrar compromiso”, asegura Carolina, quien en este 2026 obtuvo la ciudadanía alemana: “A partir de los cinco años de residencia es posible recibir la ciudadanía, y en mi caso haber estudiado y desarrollado mi vida profesional acá también fue parte de ese recorrido”.

“Para obtenerla tuve que atravesar distintos requisitos, entre ellos un examen sobre la historia, la cultura, las instituciones y los valores democráticos de Alemania. Más allá de los trámites, para mí fue una instancia muy significativa porque me permitió reflexionar sobre todo lo vivido desde que llegué. Fue una emoción enorme. Lo vivo con mucho respeto y también con mucho orgullo, porque detrás de ese documento hay años de esfuerzo, adaptación, constancia y aprendizaje. No siento que reemplaza una identidad por otra; al contrario, hoy me siento profundamente argentina y también muy agradecida por el lugar que Alemania ocupa en mi vida”.

Los regresos a Argentina y aprender de lo incómodo: “Adaptarse no es perder identidad, sino ampliarla”

Carolina observa los últimos años y el asombro se apodera de ella: su vida cambió por completo desde aquellos días sin dormir, en una Argentina que la acompaña en cada momento. A pesar de la distancia, ella dice que en Núremberg creó su pequeña sede argentina, entre mates, fernet y un dulce de membrillo en la heladera.

A su tierra, por otro lado, intenta regresar cada año. Son retornos intensos, alegres, marcados por el reencuentro. Le impacta observar en ellos el paso del tiempo, así como su manera de disfrutar cosas que antes daba por sentado.

“Me gusta también la vida de barrio, los almacenes, la calle, esa energía cotidiana que tiene Argentina y que es tan propia. Son cosas que estando lejos se valoran de otra manera. Al mismo tiempo, ya no soy la misma que se fue en 2021. Siento que cada regreso también me muestra cuánto cambié yo. Por eso lo vivo con una sensación muy clara de doble pertenencia. Tengo una gran parte de mi corazón en Argentina, pero otra también en Alemania, donde hoy está mi vida, mi casa y mi día a día”, reflexiona.

“Me gusta también la vida de barrio, los almacenes, la calle, esa energía cotidiana que tiene Argentina y que es tan propia. Son cosas que estando lejos se valoran de otra manera. Al mismo tiempo, ya no soy la misma que se fue en 2021

“Creo que me volví una persona mucho más permeable a los cambios. Aprendí, y sigo aprendiendo todos los días, que no existe una única receta correcta para vivir la vida. Y me gusta haberme vuelto así: no quedarme encasillada en un solo camino o en una sola forma de hacer las cosas. Siento que en gran parte eso también es vivir entre Alemania y Argentina: dos mundos distintos, pero ninguno absolutamente `correcto´ o `incorrecto´. Adaptarse no es perder identidad, sino ampliarla. Es un aprendizaje constante el hecho de habitar dos culturas al mismo tiempo”.

“También aprendí que vivir afuera, sin hablar tu idioma nativo y atravesando diferencias culturales, te enfrenta a situaciones incómodas. Momentos en los que no entendés del todo lo que está pasando o en los que te sentís fuera de lugar. Pero con el tiempo entendí que, sin perder quién sos, hacer el esfuerzo de integrarte vale la pena. Y cuando eso sucede de verdad, la sensación es muy gratificante, casi como una victoria personal. Integrarse es un proceso activo, no automático. Requiere tiempo, paciencia y también contención. Para mí fue muy importante tener amigos argentinos, ese grupo que está siempre cuando necesitás un abrazo o alguien que entienda exactamente de qué estás hablando”.

“Y al mismo tiempo, también es clave abrirse a hacer amigos alemanes, que te muestren su cultura desde adentro, que te integren, que se interesen por vos y que compartan su vida con vos. En ese equilibrio entre lo propio y lo nuevo siento que fui aprendiendo a construir mi lugar en el mundo”, concluye.

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Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.


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