Uvita Fernández, la gran figura de Belgrano campeón: “Esto es soñado, de película”

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“Acá tengo escrito ‘Hoy va a ser un gran día’. Y el gran día llegó. Así que estoy feliz”. Probablemente serán pocos los que reconocerán a Nicolás Emanuel Fernández, dueño de la frase que portó sobre una venda en su muñeca derecha, pero si apenas se lo reduce a “Uvita” la cuestión cambia. Hasta pasa a ser alguien, al menos, mínimamente querido sin la necesidad de verlo con tantas camisetas, con el talento reconocido y los goles como marca registrada. Por un pasado que le dio la espalda aprendió que el de arriba tiene las cosas escritas. Cambió llantos de tristeza por sonrisas de felicidad. El pequeño gran delantero fue el héroe para que Belgrano sea campeón por primera vez en su historia y se diera el gusto de la primera conquista de su carrera.

Una tromba de energía de apenas 1,66 metro de altura que no condice con su enorme entrega, su grandísimo corazón y su inmensa fe. Y ahí está la gracia también, la lección que contagia. El bajito, el más grande. El que agarró la pelota cuando Yael Falcón Pérez sancionó el penal por la mano de Lautaro Rivero que él mismo forzó con un pase elevado y filtrado. Se paró en el punto penal, rodeado de compañeros que parecieron variar entre las preguntas sobre las seguridades para patear y los buenos deseos: totalmente decidido, pateó a un ángulo y puso el 2-2.

Nicolás Fernández convierte el penal para el 2-2 de Belgrano

Ya era mucho con solo una acción, debido a que faltaban apenas seis minutos para el desenlace. No solo por el desarrollo de la final del torneo Apertura, sino por el cambio en su personalidad. Si él mismo observa al Uvita de hace cuatro o cinco años, seguramente, no se reconocerá. O, en realidad, sí. Porque algo cambió desde ahí.

Aquel que vistió la camiseta de San Lorenzo por su destacada labor en Defensa y Justicia, tuvo varias jornadas de desconsuelo. Tapándose el rostro por tanta lágrima, avergonzado, decepcionado con él mismo. No teniendo la fuerza, esta fuerza que lo llevó a lo más alto, en situaciones de doce pasos mucho menos dramáticas que la afrontada en el Mario Alberto Kempes.

Vaya paradoja: igual o más criticado que en Boedo, en el Pirata sostiene sobre su espalda el peso de ser el refuerzo más caro de la historia del club. “Se me criticó durante un tiempo, pero Dios es perfecto y el tiempo da la razón. Dijeron que me pagaron 3 palos y medio… Ahora ya está, ya lo compré, ya tienen para toda la vida. Las críticas siempre me llevaron para delante porque soy un luchador“, infló el pecho. Es otro Fernández.

Como si fuera poco, tres minutos después de la aliviadora igualdad y a 120 segundos del cierre del tiempo reglamentario, llegaría su confuso zurdazo que dejó a Santiago Beltrán sin chances y causó el delirio cordobés. “A veces la tenés que agarrar mordida, ja. Los agarré de contrapié a los dos de River y la mandé a guardar”, confesó, simpático, con su manera tan humilde.

Parecía que el viento del camino quería alejarlo de las alegrías. Terminó su primer ciclo en el Halcón justo cuando empezó a gestarse el título de la Copa Sudamericana 2020 y, cuando regresó frustrado desde el Ciclón, en Florencio Varela ya habían levantado también la Recopa Sudamericana. Su segunda casa tenía dos títulos, pero él no había podido dejar una marca.

Los goles de Uvita a River

Que hubiera sido justa, además, por la vida luchada que hay detrás. Un padre ausente y una madre que puso en su trabajo diario su propia vida y la de sus diez hijos. Entre ellos, uno fallecido en 2012. Y en el ambiente del fútbol, los reconocidos Leandro (hoy en Argentinos) y el conflictivo Brian, hoy sin club y por el que Nicolás también debe sufrir en silencio.

Sin embargo, pareció demorarse a propósito. Para que sea más disfrutado aún, a sus 30 años y el “hat-trick” de hijos. Por eso, tantos familiares en la venda que tuvo en su muñeca izquierda. “Tengo hasta a mis perros”, reconoció. Y aunque no lo tuvo anotado, siempre estuvo aferrado a Dios: “El me dio esto. Me puso estos dos partidos adelante y salió esto: el gol del empate contra Argentinos para llegar a los penales y hoy entré e hice dos. Es de película”.

La felicidad de Uvita, el héroe de Belgrano

Porque si de su obra se hablará por la eternidad, no solo hay que recordar este 24 de mayo, sino también la semifinal en La Paternal, una semana atrás. Belgrano caía, Ricardo Zelinski lo mandó a la cancha a ocho minutos del final y ese demonio siempre incontrolable, pero ahora rebalsado de creencia, hizo de las suyas: Lucas Passerini se la bajó en el área y él cruzó el remate sobre el cuarto minuto adicional. En la definición, también anotaría su penal.

“Prácticamente me puse solo. Le rompí los hue… para que me ponga. Estaba convencido y así llegó el gol. Y hoy [por el domingo] pensé lo mismo que con Argentinos: entrar y hacer un gol. Esto es la gloria. Y la gloria no se paga”, siguió soltando frases memorables. Y con gracia, se refirió a su entrenador: “Este viejo me va a tener que empezar a poner porque lo voy a matar, ja”.

Nicolás Fernández es la imagen, dentro de las tantas inolvidables que dejó Belgrano campeón. Uvita ya sabe su importancia: “Fue una temporada muy dura para mí, pero hoy quedé en el corazón de todos”.


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