CORRIENTES. – “¡Es la NASA!”, dicen los artistas que participan en la octava edición de ArteCO, la feria de arte contemporáneo de Corrientes. Después de haber pasado por espacios más inhóspitos como el puerto o una vieja usina abandonada, el estreno del Museo de Arte Contemporáneo de Corrientes (MACC) tiene a todo el mundo maravillado. Son cinco pisos con tecnología museística de punta, calidez, buenas luces, personal atento, ascensores que funcionan y vistas a la ciudad. Corrientes tiene su propio Malba, y lo estrena con el encuentro de los artistas de la región, que tienen su color, identidad y cultura.
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En el arte litoraleño hay protagonistas que sólo se encuentran acá, como el Gauchito Gil en todas sus variantes: en altares tallados por Lucas Vera como tantos que se ven en las rutas, queer como los de Lorenzo González Baltazar, o el que protagoniza un caso policial, de Marcos López. Fue robado en el trayecto de Buenos Aires a Corrientes, y acá resulta de lo más natural. Son cosas esperables. Si no fue el pombero, se lo llevó la Luz Mala o algún devoto que lo interpreta como estampita y no como obra de arte.
“Se acepta el misterio. Se honra el misterio, también. No se le busca una respuesta fácil a las cosas”, dice Marcelo Dansey, el primer curador local que tiene la feria. Las devociones populares y el arte en esta tierra no tienen una frontera clara. Expone, por ejemplo, un artista que está preso y es tallador de figuras de San La Muerte en huesos (mejor no saber de qué). Aquiles Coppini es famoso por hacer ceremonias de incrustaciones de esas obras en los cuerpos de los fieles. Tampoco sorprende a nadie que una funcionaria dé positivo en control de alcoholemia. Es parte del folclore.
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Hay una cuadra de cola para ingresar al museo, cuando recién comienza la jornada. Para todos, el nuevo museo es un orgullo. “Me subí a un uber y enseguida el conductor me empezó a hablar de ArteCO”, contaba un coleccionista cordobés. “Yo tengo un dolor… ¡Tengo envidia!”, decía un artista rosarino con toda franqueza al ver las instalaciones. El MACC es una proeza que rondó los diez millones de dólares, y comenzó en el verano de 2016 como un sueño de un artista Luis Niveiro, que quería que su provincia tuviera un museo para los artistas. Reunió una colección de cerca de 400 obras donadas por cientos de artistas de todo el país, que se lucen ahora en casa propia. Niveiro preside la asociación de amigos del museo, que sigue llevando obras al acervo. Las últimas son de Pablo Lehman y José Landoni.
Una gran instalación de Diego Figueroa da la bienvenida en el enorme hall de ingreso. Se ve desde el balcón del primer piso el mural de Gustavo Mendoza. En planta baja está la tienda, el guardarropa y una cafetería. Siguen cuatro niveles más, con salas, auditorio, reserva, aulas. “Para ArteCo guardamos la colección, y apostamos al arte contemporáneo para acercar a más gente al museo. Hay mucha gente que tiene miedo todavía a entrar, a no entender, a sentir que por ahí no pertenecen. Para mí el arte contemporáneo es el arte más popular, el que más nos acerca y nos humaniza”, dice Fabricio Escobar Galarza, director del museo. “Invertimos en infraestructura. Hicimos un nuevo edificio para el Banco de Corrientes de 38.000 metros cuadrados y decidimos que este edificio de más de cien años no fuera para oficinas públicas, sino reciclarlo para el arte”, explica Gustavo Valdéz, ex gobernador que encauzó todas estas obras en tiempos en que en en gran parte del país “no hay plata”. Parece cierto ese otro mito de que Corrientes es una república aparte.
No hay stands como se acostumbra, sino que todo parece una gran exhibición museística. “Es una feria de sitio específico. En una feria que sucede en un museo. Entonces, el mercado está tematizado como contenido del museo. Y, al mismo tiempo, el museo está tematizado en la convocatoria a la feria”, explica Dansey. Los 40 espacios participantes se organizan en tres secciones.
Un clásico de la feria son los espacios de artistas individuales, donde están Anísima, Gustavo Mendoza, Carla Colombo, Juan Pablo Arias y Josefina Madariaga, entre otros. Hay cola para experimentar la obra del artista paraguayo Enrique Collar, que invita a entrar en una pintura con visor 3D.
En Tiendas de valores y maravillas prima la economía, inspirada en los mercados latinoamericanos. “Todo lo que pasa en un mercado. Los oficios. El saber y las creencias. Los materiales. La manera de mercadear. El intercambio simbólico y emocional”, cuenta Dansey. Están colectivos como Mantera, de Santiago del Estero (que rendirá homenaje a su fundadora, María Rocha, el domingo a las 15 en el auditorio); el Museo de la Triple Frontera, con pinturas de paisajes de Santiago Krause; Sintrópolis ofrece escobas barredoras de malas energías hechas con sorgo por un grupo de artistas que trabaja en una chacra en Alba Posse, en Misiones, donde están algunos Rosa Chancho, como Osías Yanov y Julieta García Vázquez.
La tercera sección, Piezas de museo, reúne a galerías con piezas con proyección patrimonial: una gran instalación pictórica de Figueroa, la cerámica de Richar De Itatí, el colectivo Guaranípolis, fotografías y videos de la galería local Orto, santos de Blas Aparecido en Vivero, instalaciones de Evi Tártari y de galerías de Buenos Aires como Pólvora y NN.
“Se presentaron 255 proyectos, más del doble del año pasado. El 60% se presentaban por primera vez”, explica el curador. En el nuevo Museo del Chamamé, se amplia la feria con el Salón Chamamé, curado por Cristian Badaró. “Hay un lenguaje propio en el arte del litoral. Apostamos a la región, y a que el lenguaje pueda explayarse, mostrarse a sus anchas. Hay una relación con lo artesanal, lo hecho con las manos, que es lo que le da belleza a tu vida, le da sustento a tu familia, lo que te da abrigo y felicidad. Hay una relación muy fuerte con la mercancía (hay esculturas desde 50 mil pesos). Y también está esa cosa devocional. Hasta el que pinta un paisaje, acá un poco lo está haciendo para algo que está un poco más allá. Es todo muy místico”, cuenta Dansey. Se vende mucho, pero a precio vil: los coleccionistas de Buenos Aires se van con las manos llenas por mucho menos de lo que pagarían por una sola obra en arteba.
La flamante directora del Instituto de Cultura de Corrientes, Lourdes Sánchez, pasea con garbo por el circuito de museos y convites que completan la agenda. La secundan figuras convocadas para aportar visibilidad: la artista internacional Chola Poblete (premiada en la Bienal de Venecia) y el modelo e influencer Gastón Ybalo, oriundo de Tabay, Corrientes, entre otros. Hay programadas visitas al Teatro Vera, Museo de Artesanías, Museo de Bellas Artes J.R. Vidal (con una muestra de Lucas Vera), la Legislatura (donde se homenajea a la pintora Chela Gómez Morilla), el Espacio Mariño (donde expone Ariel Sosa), el Espacio de la Memoria R19, La Alonda (con muestra de César Chanz), y el Hotel Marriot, donde el domingo a las 12 Richar De Itatí emplazará con una performance la Virgen de la Canoa, una obra emblemática de la feria en las tres últimas ediciones.
Esta tarde se otorgarán los premios adquisición del Instituto de Cultura, la Universidad Nacional del Nordeste, Lotería Correntinajunto y el Premio Fausto. La programación se expande con el Festival Play, presentará cortometrajes de realizadores de Argentina y Paraguay, y con el Festival ArteSo de arte sonoro. Por el auditorio, pasan figruas como Fredi Casco, Claudia del Río, Pablo Lapadula y Roberto Echen, entre otros.