¿Qué alcance tiene hoy el libro objeto mientras la tecnología del entretenimiento audiovisual supera lo imaginable? ¿Cómo influyen las redes sociales, la inteligencia artificial, los nuevos formatos frente al papel? ¿Se lee más o menos? José Calafell Salgado (Tampico, México, 1970) actual CEO para América del Grupo Planeta –que además de su nave insignia homónima alberga otras 70 editoriales, entre ellas Tusquets, Seix Barral y Paidós– es quien mejor puede contarlo por dentro. Calafell cuenta con una formación académica vastísima, incluyendo estudios especializados en Harvard, Columbia, Manchester y una experiencia puntual de más de tres décadas en el ecosistema editorial.
En 2012, el consejo directivo de Grupo Planeta le confió su actual posición, lo que lo convierte en el latinoamericano de mayor rango en la industria global del libro en español. La amplitud del territorio a su cargo le permite una visión panorámica sobre los retos que enfrenta el mercado en cada subregión. A poco de llegar a Buenos Aires, se lo ve conectado, entusiasta, y sorprende con novedades desde su primera respuesta.
Contemplando un mercado total en español donde el 95% es formato papel y el 5% corresponde a soportes digitales
-A modo introductorio, ¿cómo evolucionó la industria del libro en el mercado hispano en los últimos cinco años?
-Sin duda ha mejorado: hasta 2019 mostraba crecimientos muy moderados. Luego, la pandemia, que cimbró la economía en todo el mundo, resultó, quitando sus efectos trágicos, muy positiva para nuestra industria, por la razón fundamental de que puso en valor el libro: lo exaltó como pegamento social, como entretenimiento con valor añadido. Porque devino también en un pretexto para comentar con los demás, para reunirnos, para querer salir a la calle a reencontrarnos con aquello que el libro evoca. Esto puede sonar abstracto y, quizás, lírico, pero se refleja en cifras duras: el mercado del libro es de los que menos cayó durante ese período, a cuyo término, y especialmente en la Argentina, salió mejor parado. Tras la caída inicial, la recuperación fue sorprendente. En 2021 hubo una estabilización; en 2022, la recuperación, en la que casi todos los países vuelven a los niveles del 2019; y, a partir entonces se registraron crecimientos de dos dígitos en ventas. Conclusión: en estos últimos cinco años, alcanzamos mejores números en consumo de libros que previo a la pandemia.
-¿Hablamos de ventas de libros físicos, audiolibros y formatos digitales?
-De todos, contemplando un mercado total en español donde el 95% es formato papel y el 5% corresponde a soportes digitales, que ciertamente están ganando espacio a buen ritmo, pero siguen sin tener, por lejos, la importancia que tienen en los circuitos anglosajones. El aumento notable lo lideró el papel y el factor más importante se resume en dos palabras: mercado juvenil. Eso, solo a nivel de venta, porque no estamos contando la piratería digital, que está a unos niveles astronómicos. Antes había libros piratas: era una venta a cuentagotas, que hacía daño, pero estaba dentro de cierto ecosistema. El digital hoy hace que esto sea incontrolable.
-Sorprende la expansión de la lectura juvenil que señala…
-Sí, existe un gran mercado joven que además valora en particular el papel. Si hasta hace unos años imaginábamos que el digital iba a desplazar al formato físico, eso no está ocurriendo. Las nuevas generaciones prefirieron el papel, y ese es un fenómeno mundial. Una de las razones posibles de esto, según hemos detectado, es que el joven le da un valor, digamos, sentimental al volumen; le gusta subrayarlo, dibujarlo, compartirlo.
La concepción de cero de una buena obra literaria hecha por una máquina es algo que, en mi esquema mental, no entra, básicamente porque no existe en ella la experiencia vital
-¿Cómo vislumbra la próxima década para los editores en relación con la IA?
-Creo que va a impactar, y mucho; ya lo está haciendo. Hay cantidad de nuevas aplicaciones diseñadas para que los editores puedan hacer más productivo su trabajo. Los programas de traducción se están perfeccionando, así como los de maquetación, corrección e, incluso, en la parte más complicada, que es la de evaluar textos. Ahí, lo importante, la visión que tenemos en Planeta, al menos, es que, como industria, esa afectación sea para bien: no para sustituir el talento humano, sino a fin de ganar eficiencia. Un editor puede pasar de trabajar cinco textos al mes a duplicar esa cantidad. La IA puede hacer una prelectura que señale incoherencias narrativas, repetición de personajes, tramas no cerradas. Otro tema que se agiliza mucho es el fast check (chequeo de congruencia de datos), muy relevante en los libros de no ficción.
-Y con respecto a la escritura, a la creación propiamente dicha, ¿qué rol le asigna a la IA a futuro?
-La concepción de cero de una buena obra literaria hecha por una máquina es algo que, en mi esquema mental, no entra, básicamente porque no existe en ella la experiencia vital. ¿Cómo una máquina que no siente, que no tiene una vida, podría escribir de sentimientos, de pasiones, de relaciones humanas? Yo, personalmente, no lo puedo concebir. Lo que he leído me ha parecido bastante inocentón, ñoño.
-Ñoño es una buena palabra, poco habitual en la Argentina. ¿En el marco de lo que dice equivaldría a una candidez tonta?
-Claro; algo muy complaciente con el lector. Los sistemas de inteligencia artificial parten del lenguaje, que está circunscrito a una temporalidad moral específica; en este caso, a una temporalidad moral básicamente, anglosajona. Quizá se le pueda pedir a la IA textos de no ficción sobre eventos históricos, situaciones económicas, incluso sociales, pero algo valioso desde el punto de vista de la ficción literaria, no creo.
-¿Qué es lo que más se está leyendo? ¿Ensayo, ficción, autoayuda, poesía?
-Varía. En España, respecto de Latinoamérica, pesa mucho más la ficción que la no ficción. Pero hay una excepción, que es precisamente Argentina, donde la ficción tiene mayor cantidad de lectores. Cierto es que aquí hay una gran tradición del libro político y de coyuntura, que, de repente, puede producir bombazos. Obras de presidentes o sobre ellos, etcétera, y estos suelen romper el promedio, porque apelan a un lector no habitual. Pero, quitando eso, en la Argentina es mucho más relevante la ficción que en sus países vecinos. Ahora mismo, aquí hay un boom de escritoras y escritores de ficción que no solo impacta en el mundo hispano, sino que está traspasando fronteras a otras lenguas. Otro dato: el mercado argentino es proporcionalmente enorme. Aquí se manejan números absolutos similares a los de México, que tiene el triple de población.
En la Argentina es bastante mayor la venta en librerías, y eso es gracias a leyes muy positivas
-Hay autores que vienen de las redes sociales y pasan al libro. ¿Es un fenómeno que Planeta también registra?
-No solo lo registra: yo diría que a gran escala fuimos pioneros en eso. Hace ya casi 15 años, una editora española dijo “deberíamos hacerle un libro a El Rubius”, que entonces era el youtuber más popular de allí. Lo cual disparó una pregunta que parecía obvia. “¿Pero por qué alguien querría un libro de algo que tiene en YouTube?”. Finalmente, lo hicimos, y vendió millones de ejemplares. Hablamos del segmento infantil-juvenil; un libro más bien de actividades, de juegos: no lo menciono porque vaya a pasar a la historia de la literatura, sino porque, a partir de ese fenómeno, los editores empezaron a buscar generadores de contenido en redes sociales que pudieran trasladar esa audiencia al libro; otro fenómeno impresionante, mucho mayor en español que en otras lenguas.
-¿Inciden hoy la crítica, la reseña literaria, en las ventas?
-Incide cuando hay un consenso generalizado de críticas a favor o en contra. La Argentina también es una isla en este aspecto frente a la región, donde hay una crisis terrible de crítica literaria, porque se han cerrado los espacios. Medios generalistas como LA NACION o Clarín, con secciones fijas de crítica, casi no se dan en el resto de los países. Quedan revistas especializadas. O los booktubers. Pero ¿qué crítica puedes hacer en un minuto?
-Hablando del territorio online ¿Se está comercializando más el libro por canales digitales que por librerías?
-Eso también varía mucho de país a país, pero en la Argentina –y, hasta ahora, en México– es bastante mayor la venta en librerías, y eso es gracias a leyes muy positivas. Aquí, la ley de defensa de la actividad librera, que tiene enorme consenso, permite que la base de librerías siga siendo muy fuerte. Es un gran ejemplo para toda América Latina.
-¿Cómo imaginá el libro dentro de 50 años?
-Supongo que surgirán nuevos soportes, quizá ligados a conexiones neuronales, a chips, a lectura reticular inmediata… pero creo que, aun existiendo eso, el libro físico va a seguir teniendo su valor, va a seguir existiendo. El tema es qué tanto. ¿Quedará como una curiosidad para una minoría? ¿Quién podría saberlo?