La presencia del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, en la misa diaria de las 13 en la iglesia Santa Catalina de Siena no fue casual. Desde el jueves pasado, las autoridades del templo, situado en pleno microcentro porteño, denuncian la aparición de decenas de grietas en el interior del inmueble, que data de 1745, y las atribuyen a las obras de peatonalización de la calle Viamonte.
Desde entonces, en las puertas del templo cuelgan dos fotocopias que advierten “Riesgo estructural” y “Cerrado momentáneamente”, y las misas se celebran al aire libre, en el atrio, ubicado en la intersección de San Martín y Viamonte.
Allí mismo, hoy al mediodía, García Cuerva celebró la Eucaristía. Durante la homilía se refirió a los daños visibles, que vinculan con las obras iniciadas por el gobierno porteño el miércoles pasado. Luego, al ser consultado por la prensa, aludió también al histórico reclamo del Arzobispado contra la construcción del megatemplo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, popularmente conocidos como mormones, prevista en la parcela lindante con Santa Catalina.

“Mi postura ha sido siempre la misma: si bien el terreno de al lado es un terreno privado, vendido a un privado, creo que en una manzana colonial no es bueno ningún tipo de construcción. Si fuese una iglesia católica, tendría la misma opinión. Insisto: si peatonalizar la calle Viamonte ha generado este tipo de rajaduras, no quiero ni imaginarme lo que puede generar otra edificación importante en la misma manzana”, afirmó García Cuerva al salir de la misa.
Y agregó: “Hay que tener en cuenta que estos edificios coloniales no tienen cimientos y, por lo tanto, requieren una preservación mucho más cuidadosa que cualquier otro tipo de construcción”.

El arzobispo también hizo referencia a las políticas de preservación en otras ciudades: “Creo que lo importante es mirar cómo cuidan sus monumentos históricos y su patrimonio cultural. No es habitual encontrar edificios modernos pegados a construcciones coloniales. Entonces, tenemos que pensar en esa misma línea, porque no se trata solo de una cuestión del pasado, sino de nuestras raíces porteñas”.
Las discusiones alrededor del proyecto del megatemplo mormón se reavivaron la semana pasada, cuando la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y Tributario porteña revocó la medida cautelar que impedía avanzar con la construcción de la sede religiosa, proyectada en 36,5 metros de altura, a pocos metros del monasterio más antiguo de la ciudad, hoy convertido en museo, y de la iglesia Santa Catalina de Siena. Con esa decisión, quedó sin efecto la restricción dictada en primera instancia y la iniciativa podrá continuar su trámite administrativo.

Frente a la aparición de las nuevas rajaduras en las estructuras, las obras de la Ciudad fueron suspendidas de manera provisoria. “Hablé con el jefe de gobierno el lunes y hoy seguramente reciba al secretario del área. Nuestra postura es clara: queremos preservar este Monumento Histórico Nacional, un templo de 1745″, dijo el arzobispo. “Las obras en la calle Viamonte nos están alertando con estas grietas. Tenemos registro de que antes no estaban, incluso contamos con fotos de 2024. Creemos que es necesario sentarnos, analizar la situación y que los técnicos, también del lado del Arzobispado, nos ayuden a encontrar una solución”, concluyó.
Consultados por LA NACION, desde la Ciudad habían afirmado anteayer que antes del inicio de los trabajos de peatonalización se realizó una evaluación del estado del edificio y un relevamiento. Las fisuras que se atribuyen a la obra, sostuvieron, en realidad son preexistentes, algo que niegan las autoridades del templo.
Aclaró, a la vez, que la reunión con el secretario porteño será para hablar puntualmente sobre las rajaduras en Santa Catalina. “Obviamente la peatonización se podría continuar en la medida en que haya un apoyo y garantías de que no afecte, digamos, el templo”, sumó.
Valor histórico
Durante su homilía, García Cuerva destacó el valor histórico del conjunto. “Estamos aquí, en Santa Catalina, que incluso Bernardino Rivadavia –que sabemos que tenía una postura distinta a la de la Iglesia, contraria, crítica– la reconocía como uno de los monumentos más importantes de la ciudad de Buenos Aires. Y estar aquí es reconocer que hay pasado, estar aquí es reconocer que hay raíces, que no vivimos en un eterno presente, que no todo lo pasado y todo lo anterior es viejo y hay que destrozarlo. Es muy al contrario, nos construimos sobre nuestro pasado, con las raíces. El papa Francisco cuántas veces insistió, no solo con cuidar a los abuelos, que son parte de esa historia, sino también con cuidar nuestras raíces”.

El monasterio, situado sobre San Martín entre Córdoba y Viamonte, fue fundado hace 281 años por las hermanas dominicas, que vivieron allí desde 1945 hasta 1974, cuando se mudaron a San Justo, La Matanza. Desde entonces, es el Arzobispado de Buenos Aires quien se encarga de la mantenimiento de los claustros, hoy convertidos en museo y en una cafetería, y de su iglesia, donde se celebra misa todos los días.
Tal como destaca una placa en el interior del inmueble, por sus puertas entraron las tropas inglesas el 5 de julio de 1807, durante la segunda invasión. Los soldados buscaban llegar al campanario, un lugar alto de avistaje. Las religiosas estuvieron cautivas durante 30 horas. “Gracias a la Divina Providencia, la comunidad no sufrió daño alguno”, relata la placa. “Liniers vino públicamente a agradecerles a ellas”, sumó el arzobispo al finalizar la misa.

García Cuerva también destacó el valor de las hermanas dominicas durante la epidemia de la fiebre amarilla y la importancia que tuvo el templo en la conformación de la ciudad de Buenos Aires. “Ver el templo con esas rajaduras duele”, dijo.
También destacó el valor arqueológico del predio donde se proyecta el templo mormón: “En el terreno lindero hay dos cementerios registrados: uno colonial de las hermanas religiosas y otro de familias afroamericanas, con lo cual también merece respeto”. En un comunicado emitido en 2023, tras el anuncio inicial del proyecto, el Arzobispado ya había advertido al gobierno porteño sobre la existencia de ambos cementerios.
Un segundo foco de conflicto
Las grietas de la iglesia representan el segundo foco de conflicto que se abre, en menos de una semana, entre el gobierno porteño y el Arzobispado de Buenos Aires. El domingo pasado, García Cuerva cuestionó públicamente el operativo “Tormenta Negra” que llevó adelante el gobierno de Jorge Macri el jueves pasado en 15 villas y asentamientos, con un despliegue de 1500 efectivos policiales, y que derivó en 27 detenidos.
“Para quienes hemos experimentado la vida en los barrios y para los vecinos, tormenta negra se llama el narcotráfico, tormenta negra se llama la falta de trabajo, tormenta negra se llama cuando el Estado se retira, tormenta negra se llama cuando los pibes no tienen posibilidades. Eso es tormenta negra y hace décadas que la sufren nuestros barrios”, criticó García Cuerva al encabezar una misa en la Villa 31, en ocasión del aniversario de la parroquia Cristo Obrero.
Tras la celebración, los curas villeros difundieron un comunicado en el que cuestionaron la “estigmatización” y el “hostigamiento” detrás del operativo, al cual tildaron de “show mediático” y en el que participó el jefe de gobierno. “Junto a los vecinos y tantas organizaciones sociales, venimos pidiendo presencia del Estado, puntualmente de fuerzas de seguridad, así como lucha contra el narcotráfico. Pero repudiamos lo sucedido en esta y en todas las villas de la ciudad de Buenos Aires la noche del pasado jueves 14 de mayo en el llamado ‘operativo antinarco’. Sin negar que hubo alguna acción en ese sentido, vimos con tristeza que le sacaron la comida a quienes la venden en estos tiempos de tanta falta de trabajo, se llevaron motos, personas y ropa a la venta con una sobreactuación exagerada”, criticaron.
Y sumaron: “Las villas no necesitan show mediático. Las villas no son la vecindad del Chavo. Los vecinos son protagonistas de sus vidas. Lo del jueves y el hostigamiento a tantos trabajadores de los barrios populares acrecienta la estigmatización ya existente en muchos sectores de la sociedad”.