Los momentos marcan escenarios y Gimnasia se aferró a la racha invicta de siete partidos, seis por el torneo Apertura y uno por la Copa Argentina, para clasificarse para los cuartos de final. Un gol y a resistir. Con mucho despliegue físico y agrupándose para amurallar el arco, el Lobo derrotó por 1 a 0 a Vélez y se convirtió en el futuro rival de River, el miércoles, a las 21.30, en el Monumental. Con ingenio, llevó al rival a enredarse y con la telaraña que tejió alrededor del área disimuló la expulsión del defensor Enzo Martínez en el comienzo del segundo tiempo.
Un partido que escondía una particularidad, una historia de 30 años. Una pulseada entre amigos, entre viejos compañeros en la cancha y que se reencontraron cuando los Mellizos decidieron ser directores técnicos. Guillermo y Gustavo Barros Schelotto y Ariel Pereyra debutaron en Gimnasia bajo el mando del uruguayo Gregorio Pérez, y después fueron compañeros en las campañas en las que el Lobo batalló por títulos con Carlos Timoteo Griguol. Guillermo es ídolo en el Bosque y el Pata, un referente.
Se separaron en 1997, cuando los Mellizos fueron transferidos a Boca y se reunieron nuevamente en 2012, en Lanús, cuando los hermanos se hicieron cargo de Lanús y convocaron al exzaguero para que integre el cuerpo técnico. Palermo, Boca, Los Ángeles Galaxy y la Selección de Paraguay, otros desafíos que caminaron a la par. Se desunieron en 2024, cuando el Pata eligió hacer experiencia en Colón, de Santa Fe, en la Primera Nacional. “Voy a aprovechar que yo los conozco, ellos no me conocen tanto”, comentó, con ironía, Pereyra, cuando el Lobo se aseguró la clasificación para los octavos de final. Y tenía razón.
Con dibujos tácticos diferentes, la pulseada no tuvo un dominador. Gimnasia hizo su negocio, porque de una falta de Joaquín García sobre Marcelo Torres, el árbitro Andrés Gariano sancionó penal. El VAR, con Germán Delfino, convalidó el agarrón del defensor y el propio delantero se encargó de ejecutar el penal: de derecha, cruzado, la pelota rebotó en la base del palo derecho y derrotó al colombiano Álvaro Montero, que adivinó la intención, aunque el remate ajustado lo dejó sin posibilidades.
Un golpe que empujaba a Vélez a no salir del enredo que resultó el final de la etapa regular del torneo, donde sumó tres empates (San Lorenzo, Unión y Newell’s), y le daba continuidad a la racha del Lobo, que llegó a los playoffs con cinco consecutivos en el Apertura. El VAR anuló un segundo tanto de los platenses, por posición adelantada de Torres –es el artillero del equipo, con seis anotaciones- y el desarrollo reflejó que, con poco, los visitantes se las ingeniaron para hacer temblar a la defensa del Fortín. Ignacio Miramón era un eje en el mediocampo y la experiencia de Nacho Fernández para asistir al Chelo Torres y a Agustín Auzmendi, el argumento para lastimar.
Para Vélez encontrar el camino a partir del juego asociado se le hizo cuesta arriba. No había sucesión de pases en una alineación donde los volantes se caracterizan por conectar con facilidad, con movimientos que generan espacios y doblar al rival. La experiencia de Manuel Lanzini, Lucas Robertone y Rodrigo Aliendro no era suficiente para detectar la grieta para filtrar la pelota y derribar el muro. La opción de “bombardear” con centros el área, un síntoma de la desesperación y la escasez de ideas para ser peligroso frente al arquero Insfrán.
El resumen del triunfo de Gimnasia
En un puñado de minutos se modificó el juego: Vélez provocó el ingreso de Matías Pellegrini para acompañar a Florián Monzón. De una infracción de Martínez sobre Lanzini -recibió varias faltas- la intervención del VAR sentenció al zaguero, que fue expulsado. El Lobo apeló a los cambios para reacomodarse defensivamente y el Fortín inició un avance sostenido: hacer circular el balón y explotar las bandas para que los laterales García y Elías Gómez hicieran tándem con los volantes e imponer condiciones, el libreto: en ese marco, Monzón, incómodo, cabeceó alto y luego falló desde el punto penal.
Vélez insinuó mucho, pero le faltó decisión, poder de fuego: no le alcanzó con sumar piezas ofensivas como el chileno Diego Valdés y Dilan Godoy y se marchó reprobado por el público. El Lobo resistió, se hundió en su área, y contraatacar fue un objetivo cada vez más lejano, aunque le alcanzó para festejar.