Anna Wintour, la “dama de hierro” detrás de la MET Gala y “el diablo” que inspiró la película del momento

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Anna Wintour no es solo un nombre, es una institución global que definió la industria de la moda durante décadas. Su camino hacia la cima de Vogue estuvo marcado por una clara ambición ya desde sus inicios en los años ochenta, época en que desembarcó en la versión norteamericana de la revista.

La británica Anna Wintour

Lleva el periodismo en su ADN. Nació el 3 de noviembre de 1949 en el elegante barrio de Hampstead, en Londres. Su padre fue Charles Wintour, histórico director del Evening Standard, un antiguo periódico londinense que llegó a publicar cinco ediciones cada día.

Abrazó la moda por pasión. Su primer trabajo, con apenas 15 años, cuando cursaba aun el secundario, fue como vendedora en Biba, una boutique de ropa juvenil. Ya egresada, en la segunda mitad de los años 60, realizó varios cursos de diseño. Uno de ellos, que repiten sus biógrafos, fue en Harrods.

Colaboró de manera informal en el diario que dirigía su padre, que estaba obsesionado en acercar a la juventud al periódico. Pero dio sus primeros pasos en el mundo editorial en Harper’s & Queen, revista que resultó de la fusión de Harper’s Bazaar UK con Queen.

Allí profundizó sus conocimientos en arte y fotografía, pilares del periodismo gráfico. Y acuñó su sueño más ambicioso: llegar algún día a trabajar en Vogue.

Siguiendo a su novio de entonces, el periodista Jon Bradshaw, Anna se mudó a Nueva York, donde se convirtió en editora de moda junior en Harper’s Bazaar. Luego fue editora de Viva, una revista sofisticada que incluía además fotografía erótica masculina, creada por la esposa del editor de Penthouse.

Incontenible, Anna cambió de parejas y de trabajo, vivió un tiempo entre París y Nueva York. En su paso por New York Magazine entendió el poder de las celebridades en las portadas.

En 1983, finalmente, Anna Wintour llegó a la redacción de Vogue USA para asumir el cargo de Directora Creativa. Cuentan que su primera reunión con la entonces editora en jefe, responsable absoluto de la publicación, Grace Mirabella, fue memorable.

Mirabella era un manojo de nervios y la presencia de Wintour en Nueva York la perturbaba. Ella no la había elegido. Estaba convencida de que Alex Liberman, director editorial de Condé Nast, había convocado a Anna para que, en un futuro cercano, se convirtiese en su reemplazo.

Se cuenta como leyenda que en aquella primera entrevista, cuando Mirabella le preguntó a Anna qué proyección soñaba para su carrera, a qué trabajo quería, ella simplemente le respondió: “El suyo”.

Anna Wintour ya se mostraba como una mujer fría y lucía su característico look: un disciplinado y calculado corte de cabello y que portaba una expresión impasible. Como una jugadora de póker, nadie podía leer qué planeaba.

El trabajo como forma de vidaAnna se crio rodeada del mundo editorial. Su padre era Charles Wintour, director del London Evening Standard

Nace la leyenda

Grace Mirabella respiró aliviada cuando, en 1986, Wintour dejó temporalmente los Estados Unidos para asumir el cargo de editora en jefe de la edición británica de Vogue. Fue una escala previa (además de una brevísima incursión en la revista House & Garden) hacia un destino final cantado: el cargo de editora jefe de la Vogue norteamericana, que alcanzó dos años después.

El regreso de Wintour a los Estados Unidos marcó un punto de inflexión en la historia de Vogue. Condujo la redacción con mano de hierro. Impuso una disciplina férrea, redujo las reuniones, las discusiones y todo lo que, a su criterio, suponía una pérdida de tiempo.

Durante su “gobierno”, Wintour jamás llegó tarde al trabajo ni toleró la tardanza ajena.

La primera tapa de Anna Wintour en Vogue cambió con todo lo conocido. Como editora en jefe se trataba de seguir fielmente sus ideas

Guiada por su experiencia y su intuición, transformó las producciones de moda. Ella misma bocetaba los guiones que luego debían seguir al pie de la letra productores y fotógrafos.

La calle, “el kiosco”, le dio la razón: Vogue multiplicó sus ventas y también su influencia en el mundo de la moda, lo que se tradujo en más y más anunciantes. Los responsables del departamento comercial dispararon el valor de la página a valores nunca antes imaginados.

Acuñó mil frases. Muchas de ellas fueron compiladas en una semblanza que hizo la revista Vogue hace algunos años.

  • “Realmente no puedes preocuparte demasiado sobre lo que la competencia está haciendo o lo que otra gente de tu campo está haciendo. Tienes que tener una visión verdadera”.
  • “Se trata del tiempo. Si es demasiado pronto, nadie lo entiende. Si es demasiado tarde, todo el mundo lo olvidará“.
  • “Si es solo moda, si no expresa un mensaje, al final no sirve”.
  • “Tengo la impresión de que la moda asusta a mucha gente. Y como les da miedo, la critican. En la moda hay algo que, a veces, pone a la gente muy nerviosa”.

Anna Wintour junto a la princesa Diana en una imagen de 1996, un año antes de la muerte de la princesa

Anna subía y bajaba el pulgar a los diseñadores con una simple mirada. Era capaz de aniquilar carreras o de crear otra, eso antes de comenzar a ocultarse detrás de sus lentes oscuros, ya parte de su inalterable look, sumado a sus vestidos de silueta delgada, collares de piedras semipreciosas, sandalias Manolo Blahnik, además de su ya característico corte bob, su sello.

Dirigió al mundo de la moda desde las sombras, con el respeto y el terror de los diseñadores, hasta que un libro la puso en el foco y la elevó a la categoría de leyenda.

Anna Wintour en Condé Nast en 2003

“Un millón de chicas matarían por este trabajo”

Wintour no admitía imperfecciones, opiniones contrarias y nada que no fuera extraordinario. Era una jefa exigente e impiadosa, con llamados y pedidos a toda hora, que iban desde champagne y caviar en set a imposibles siquiera de imaginar.

Así surgió el libro “El diablo viste a la moda” (“El diablo viste a de Prada”, en su inglés original), escrito por una joven Lauren Weisberger. Una novela que recreaba la vida de Andy, una asistente en la meca de la moda, Vogue. Con una jefa, Miranda Priestly, que rozaba la tiranía y su mano derecha, Emily, que bailaba a la par.

Su presencia (o ausencia) en los desfiles marca los sí y los no de la temporada. En la foto, junto a la reina Isabel II en el show de  Richard Quinn en 2018

Con humor e ironía, describió el día a día editorial de Vogue y del mundo de la moda. Fría, estricta, dura, precisa e implacable, la Miranda Priestly del libro era indiscutiblemente Anna Wintour. La editora en jefe que había llevado a Vogue a la cima, cuya edición de primavera, el September Issue, era considerado la biblia de la moda.

Pronto se corrió la voz que se trataba de una historia real, que Weisberger había sido aquella “Andy”, y nadie dudaba sobre quién era Miranda.

Y, tras años de especulación, en estos días la verdadera Emily salió a la luz. Leslie Fremar, quien supo ser primera asistente de Anna Wintour dio la cara en el podcast “The Run-Through with Vogue” y confirmó que fue ella quien contrató a Lauren Weisberger como segunda asistente en 1999 y también ser ideóloga de la icónica frase “Un millón de chicas matarían por este trabajo”.

“Esa era definitivamente mi frase, porque yo realmente lo creía, y sabía que ella no necesariamente quería estar ahí”, dijo.

Veinte años después, Leslie admitió haber tenido un trato severo con Weisberger: “Probablemente no fui muy amable y estaba muy nerviosa porque sentía que también tenía que hacer su trabajo”.

Su alter ego, Meryl Streep como Miranda Priestly

Además, la verdadera Emily confirmó que Wintour tenía conocimiento del escrito. Y que ella se enteró del libro cuando su jefa la llamó a su oficina. “Me dijo: ‘¿quién es Lauren Weisberger?’. Le respondí: ‘era tu asistente junior’. Y dijo ‘bueno, ella escribió un libro sobre nosotras, y tu sales peor que yo’”.

Acorde a su estilo, Anna Wintour había conseguido un manuscrito previo. Leslie (o “Emily”) se quedó sin palabras. La asistente reconoció que, seguramente no fue muy amable con Weisberger y que aquel libro le pareció una traición. Desde que Lauren dejó Vogue, nunca volvieron a hablar.

“Me sentí bastante mal, me dolió mucho. Lo que se publicó es una versión mucho más ligera y agradable de lo que ella escribió”, confirmó, detallando que incluso el mundo editorial había suavizado la personalidad de sus “personajes ficticios”. “El libro se basaba en muchas cosas que yo viví, que ella vivió”.

Leslie Fremar siguió su camino, y terminó convirtiéndose en una consagrada estilista de Hollywood vistiendo a personalidades como Charlize Theron. A Lauren Weisberger, sus ocho meses en Vogue le bastaron para escribir un éxito: su novela fue publicada en 2003. Y antes de que saliera a la venta los estudios le vieron potencial y lo adaptaron para crear la película “El diablo viste a la moda”.

Las cosas cambiaron y hoy Anna Wintour enfrenta las comparaciones de El Diablo Viste a la Moda de manera diferente. Así, compartió set con Meryl Streep en una producción histórica de VogueLa tapa de mayo de Vogue  con Anna Wintour y Meryl Streep, ambas de 76 años

El Diablo Viste a la Moda

La producción de la película enfrentó el temor de la industria. La influencia de Anna Wintour era suprema, locaciones como el The Metropolitan Museum of Art o Bryant Park (escenario de New York Fashion Week) estaban fuera de discusión y los diseñadores de renombre dudaron en aparecer, temían las represalias. Solo Valentino Garavani se animó a hacer un cameo (y allí nació una amistad con Anne Hathaway que duraría por siempre). La estilista Patricia Field hizo magia: con viento en contra, logró looks inolvidables. Incluso la recreación de la oficina de Anna fue tan precisa que obligó a la entonces editora en jefe a redecorarla para evitar mayores comentarios.

El filme fue un éxito y catapultó a Anne Hathaway (en el papel de Andy) a la fama, puso a Emily Blunt en la mira de Hollywood y también a Stanley Tucci, quien terminó casándose con la hermana de Blunt.

Tras el estreno (al que acudió vestida irónicamente, de Prada), Wintour incluso se sintió halagada con la interpretación de Meryl Streep. Tanto que ahora, para esta secuela, ambas protagonizan la portada de mayo de Vogue. Una sugerencia de la nueva editora en jefe. Y es que, veinte años pasaron y la industria de la moda comienza a cambiar. Y es así, tras 37 años Wintour dejó su puesto como editora en jefe y hoy Chloe Malle ocupa su lugar.

Actualmente, Wintour es la directora de contenidos de Condé Nast y directora editorial global de Vogue. Pasó el mando… o al menos un poco de él.

Si hay algo que Wintour es reacia a delegar es la MET Gala. Anna asumió la dirección de este evento anual, que recauda fondos para el Costume Institute del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, en los años 90. Tomó el control definitivo en 1995 y elevó lo que la publicista Eleanor Lambert ideó en 1948 como una cena benéfica: le dio forma a una gala donde convergen el arte y la moda por igual.

Desde entonces, hace ya 32 años, es ella quien decide la temática, la lista de invitados y, sobre todo, supervisa sus ubicaciones en las mesas transformándose en artífice y gran anfitriona de un espectáculo internacional donde se codean estrellas de Hollywood, figuras de la cultura pop y diseñadores de moda por igual.

La MET Gala que se celebra cada primer lunes de mayo continúa pasando por su lente y ella, como presidenta, continúa siendo la figura central. Todos hablan de ella. Y la ficción, hoy con su segunda parte en El Diablo Viste a la Moda 2, terminó de consagrar a Anna Wintour, la leyenda.

La MET Gala, su gran pasiónEl Diablo Viste a la Moda 2, y un personaje que ya hizo historia


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