Fuerzas que el Gobierno no puede controlar presionan al proyecto libertario

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El conflicto mundial hizo que Horacio Marín se convirtiera en una figura decisiva para la vida minuto a minuto en la Argentina. Es el presidente de YPF, la petrolera bajo control estatal que vende la mayor cantidad de nafta y de gasoil en el país, por lo que incide en los precios de los combustibles que mueven la economía en un contexto en el que el crudo se disparó por la guerra en Medio Oriente.

Marín está en el medio de dos exigencias. De un lado, la de formar parte de un gobierno liberal para el cual el mercado debe resolver todas las cuestiones. La otra es la relación con el consumidor, con el que la gerencia de YPF sostiene que tiene un contrato moral.

Marín juntó a tres de sus cabezas y encapsuló las tensiones en una fórmula matemática. Todos los días, recibe un correo electrónico de las gerencias de Finanzas, Estrategia y Downstream (refinación y ventas) que aplica una cuenta predefinida para fijar los precios. Contempla el precio del crudo al valor que lo compró la empresa, el porcentaje que le debe adquirir a terceros sobre el total que usa y el margen de utilidad.

De allí surge un resultado que no implica un subsidio al automovilista, pero tampoco le permite a la empresa sacar una renta extraordinaria del contexto bélico. La nafta sube, pero no tanto como debería si la Argentina se alineara con los precios internacionales.

Javier Milei y Horacio Marín (YPF).

La estrategia de la petrolera tiene algo de acuciante, porque nació con fecha de vencimiento. Supone que el conflicto entra en una fase de desescalada en marzo. De lo contrario, el dispositivo estallará y habrá que subir los precios de manera sensible, con los contratiempos que eso puede ocasionar para un Gobierno que busca bajar la inflación.

La predicción que se maneja en YPF tiene varias raíces. Una es la cercanía que algunos de sus ejecutivos tienen con Medio Oriente. De hecho, el propio Marín estuvo en Ras Tanura, la instalación de refinación más grande y antigua de Arabia Saudita, días antes del comienzo de la guerra, en febrero. A principios de este mes, ese mismo complejo industrial sufrió un bombardeo iraní que la sacó de servicio.

Los informes del sector petrolero aseguran que la zona pierde hasta US$8000 millones por día. Ni la región ni el planeta están preparados para soportar un conflicto extenso en una zona tan determinante.

El contexto global complica el plan libertario y lo que hasta ahora le costó, desde ahora le costará un poco más. El ejemplo más simple es el de la nafta. Pese a todo, aumentó en el país a razón de un 14% desde el principio del conflicto. Debería subir mucho más si el objetivo es alinear a la Argentina con el mundo. Es un caso práctico de inflación importada que el Gobierno no puede controlar a menos que acepte lastimar las banderas que defiende, como el libre mercado.

YPF es solo una de las urgencias. Al mismo tiempo, y por razones distintas, los gobernadores también llaman a la puerta cuando la frugalidad libertaria está ahora más exigida que nunca.

La secuencia relatada por gobernadores afines a Javier Milei a los funcionarios encargados de manejar la billetera nacional cuenta que primero comenzaron los problemas con la policía en Santa Fe, siguieron con los docentes en Catamarca y volvieron con las fuerzas de seguridad en Jujuy. Aunque el relato tiene el objetivo de que el Gobierno les transfiera dinero a las provincias, se apoya en hechos reales.

Los jefes políticos de algunos distritos cierran la narración anterior con un pronóstico temerario. Dicen que en un contexto social golpeado por la crisis económica de ciertos sectores, la política puede terminar atajando en Tierra del Fuego un conflicto que comience en La Matanza.

Gobernadores presentes en el Congreso durante el discurso de Milei: Alfredo Cornejo, Rogelio Frigerio

Luis Caputo empezó a validar reclamos que antes desoía. El secretario de Hacienda, Carlos Guberman, maneja uno de los siete candados con los que la Casa Rosada cerró el grifo de recursos. En las últimas semanas se juntó con gobernadores y con sus ministros de Economía para discutir alternativas que les permitan sortear la caída de la recaudación nacional.

Por la ley de Coparticipación, el Estado recauda una parte de los recursos y los gira automáticamente a cada distrito. Como la torta es cada vez más chica, tanto la Casa Rosada como las provincias tienen menos para repartir. Es de lo único que se habla en el denominado chat de los gobernadores, un grupo de WhatsApp que reúne a todos ellos y a Jorge Macri, en representación de la Ciudad.

El más activo es Axel Kicillof (Buenos Aires), quien reenvía noticias periodísticas y cálculos para mostrar lo desesperante de la situación. Se suman a la conversación otros opositores, como Ricardo Quintela (La Rioja) y Gildo Insfrán (Formosa). El resto calla y otorga.

El dinamismo de Kicillof en el chat político es inversamente proporcional a sus logros para conseguir más fondos de Javier Milei. Un colaborador cercano al gobernador de la provincia de Buenos Aires dice y repite que hoy no tienen ni un solo canal de conversación abierto con la Casa Rosada para obtener compensaciones.

Otros se consideran más afortunados en la desgracia. Entre ellos están Ignacio Torres (Chubut), Rogelio Frigerio (Entre Ríos), Osvaldo Jaldo (Tucumán), Raúl Jalil (Catamarca) y Carlos Sadir (Jujuy). Son los que buscan un guiño de Guberman para avanzar en rescates ante la falta de recursos.

En la grieta que separa a dialoguistas y opositores está la solución en la que piensan los equipos del Ministerio de Economía. Diego Santilli (Interior) le delegó a Gustavo Coria, el puente con Hacienda, que encontrara la solución. Su contacto en Economía es Valeria Sánchez, subsecretaria de Provincias, que hace los papeles que luego debe firmar Guberman y aprobar Caputo.

El incendio recaudatorio en las provincias aliadas se apagará con anticipos de coparticipación. Aunque pasó desapercibido, con las firmas del Presidente y de su ministro de Economía se le concedieron a Santa Cruz (Claudio Vidal) esta semana hasta $100.000 millones a cuenta para salir del ahogo financiero. Habrá más noticias en la misma línea.

Milei y Caputo siguen siendo ellos mismos. Santa Cruz deberá pagar un interés conveniente por el dinero que reciba y su devolución está garantizada por retenciones automáticas por la coparticipación. Hay que notar un detalle en esa solución: es solo bilateral. Como no corre para todos por igual, permite aligerar el tránsito en la crisis a quienes juegan en la mitad de cancha del Gobierno. Del otro lado de la línea quedan Kicillof y Quintela, solo para simplificar el dibujo táctico de la política.

Federico Sturzenegger (centro) está preparando un paquete de leyes en defensa de la propiedad privada.

La negociación con las provincias no es solo fiscal. Milei necesita de los gobernadores también en el Congreso. Federico Sturzenegger (Desregulación) está preparando un paquete de leyes potentes que le rinden tributo al derecho de propiedad. Una de ellas es para anular la denominada ley “Máximo Kirchner”, que restringe el uso de tierras afectadas por la quema de pastizales.

La otra tiene que ver con quién puede ser dueño de la tierra en la Argentina. Hoy, ningún extranjero puede comprar más de 1.000 hectáreas. La Casa Rosada buscará eliminar ese límite, salvo para los estados. Es decir, EE. UU. o China no podrán tener más que ese límite de tierra, pero un norteamericano o un chino, sí.

Las leyes de Sturzenegger invitan al capital extranjero. Pero hay una variable que ninguna ley controla y que puede volverlas irrelevantes: el tipo de cambio, que entre muchas cosas tiene el poder de darle competitividad a la producción local mientras germina el efecto de las reformas estructurales que propone el Gobierno.

La estadística puede disimular muchas cosas. Si fuera por los números de crecimiento, se podría pensar que Neuquén, por Vaca Muerta, se parece cada vez más a Dallas. El camino inverso lo está recorriendo el conurbano bonaerense, donde vive el 40% de la población. La corrección cambiaria permitiría hacer por las malas lo que las reformas todavía no logran por las buenas y alejar las chances de entrar al año electoral por la calle de la recesión. En la respuesta a esa incógnita está nada menos que el hecho de quién nace, quién muere y quién queda en el camino.

Milei siempre estuvo a favor de un peso fuerte. Su deseo va, también, a contramano de la región. Por la incertidumbre en el mundo, el dólar se fortalece con respecto al resto de las monedas. Separarse mucho de ese grupo de divisas obligaría a la Argentina a hacer esfuerzos por los que pagará un precio. Quizás por eso algunos economistas con llegada al Gobierno advierten que el peso podría ganar flexibilidad, sin exageraciones ni sobresaltos.

Medio Oriente no desescala por decreto, las provincias tienen menos dinero que antes y el dólar mantiene su agenda propia. El plan puede ser impecable. El problema es el mundo real.


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