A cincuenta años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la memoria y la conmemoración vuelven a ocupar un lugar central en la agenda cultural. Sin una programación oficial impulsada desde la Secretaría de Cultura de la Nación, el homenaje a las víctimas se articula de manera descentralizada: son los espacios de memoria, los museos y centros culturales -muchos de ellos dependientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires- los que sostienen una agenda propia para pensar y recordar el episodio más sangriento de la historia argentina reciente.
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En el Parque de la Memoria (Av. Costanera Norte Rafael Obligado 6745), frente al Río de la Plata y en diálogo directo con el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado, el aniversario activa una experiencia que se corre del registro conmemorativo más clásico. Los presentes, del artista sonoro Nicolás Varchausky, propone traducir los nombres de los desaparecidos en sonido: cada letra se convierte en una nota y la enumeración, ordenada por año y alfabéticamente, se vuelve partitura. La instalación funciona desde este y hasta el lunes 23, de 10 a 20, como una suerte de vigilia colectiva previa al 24. Un piano híbrido interpreta esa secuencia, pero hacia el final de cada jornada, a partir de las 18, pianistas invitados toman el relevo y la ejecutan en vivo.

En el Espacio Memoria y Derechos Humanos (ex ESMA, Av. del Libertador 8151), la conmemoración se extiende durante varios días con la segunda edición de la Feria del Libro de Derechos Humanos, Derechos en Letras. Desde este viernes al domingo, con entrada gratuita, el predio reúne presentaciones, mesas de debate, talleres, recorridos históricos y actividades para escuelas en una programación que combina reflexión y circulación de materiales. En ese marco, el sábado 21 a las 16, en la sala Víctor Basterra, se presentará El ojo en la tormenta, del periodista Pablo Corso, que reconstruye la vida de uno de los sobrevivientes clave para la memoria judicial argentina. Secuestrado y obligado a trabajar dentro de la ESMA, Basterra logró fotografiar a sus captores y filtrar esas imágenes al exterior, que luego serían prueba en los juicios por delitos de lesa humanidad. El libro repone ese recorrido a partir de archivo y entrevistas, y se detiene también en la dimensión más amplia de su biografía, atravesada por la violencia política argentina del siglo XX.
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En el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), el 25 de marzo la terraza será escenario de Recoletazo, una jornada curada por Carla Barbero, Javier Villa y Guille Mongan que retoma, desde el presente, el gesto político y estético del Siluetazo de 1983. A lo largo de la tarde, performances, poesía oral, teatro de objetos, charlas y acciones colectivas ponen el cuerpo en el centro, explorando las marcas que la historia deja en lo sensible. Participan artistas de distintas generaciones —entre ellos Fernando Noy, Claudia del Río, Mariela Scafati junto a Rita Pauls, Martín Legón y el colectivo Serigrafistas queer— en una propuesta abierta que invita también al público a intervenir con serigrafías y a habitar el espacio.
El cine también se suma a esta agenda. En la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín (Av. Corrientes 1530), el domingo 22 a las 18 se proyectará en copia de 35 mm Garage Olimpo (1999), de Marco Bechis, en una función única. La película, que se adentra en la lógica cotidiana de un centro clandestino de detención a partir de la historia de una joven militante, evita la reconstrucción convencional y apuesta por una narración atravesada por la experiencia directa de su director, sobreviviente de la dictadura. Su exhibición, en este contexto, vuelve a abrir la pregunta por las formas posibles de representar ese horror.
La agenda se abrió unos días antes en el MUNTREF (Antártida Argentina s/n, entre Dirección Nacional de Migraciones y Buquebus) , donde el 14 de marzo inauguró Punto impropio, la videoinstalación de Albertina Carri basada en las cartas que su madre -secuestrada y desaparecida durante la dictadura- envió a sus hijas. A partir de ese archivo íntimo, la obra explora la relación entre escritura, voz y ausencia, en una lectura que no omite detalles y que busca hacer visible lo que quedó fuera de campo. La apertura incluyó una charla pública con la artista, Diana Wechsler y Daniel Link, y se complementa con la muestra colectiva Infancias. Algunas historias de chicas y chicos en el mundo, que también indaga en las formas de construir relato e identidad.
En las galerías de arte la memoria aparece filtrada por las imágenes y sus relecturas. En Rolf Art (Esmeralda 1353), Marcelo Brodsky vuelve a exhibir Buena Memoria, su emblemática serie fotográfica construida a partir de una imagen de su curso en el Colegio Nacional de Buenos Aires, intervenida años después para señalar quiénes fueron asesinados o desaparecidos. La obra, que incluye a su propio hermano y a su mejor amigo, ambos desaparecidos, se convirtió con el tiempo en un símbolo capaz de condensar una experiencia generacional atravesada por la violencia estatal y el exilio.

En la galería Nora Fisch (Av. San Juan 701), en tanto, la programación del año se abre con dos muestras que, sin proponerse como conmemoraciones directas, dialogan con ese mismo trasfondo histórico. En planta baja y subsuelo, Lux Lindner presenta Temporada 76/78, una serie de pinturas realizadas en 2006 que revisita los primeros años de la dictadura a través de “El Niño Mierda”, un personaje que funciona como reverso oscuro del Juanito Laguna de Berni. Entre grises y blancos, y con una banda sonora de hits de la época reproducidos en reversa, la muestra trabaja sobre el clima de silencio y encubrimiento de aquellos años, con el Mundial de 1978 como telón de fondo.
En el primer piso, Gala Berger propone una instalación que se remonta a otro momento de alta intensidad política: la escena artística de fines de los años sesenta. A partir de episodios como el Premio Braque de 1968, la artista reconfigura figuras y obras de esa época en clave lúdica y fantasmal, revisitando un tiempo en el que las utopías todavía se sostenían como horizonte posible. Entre desvíos, citas y relecturas, ambas exposiciones construyen un diálogo lateral con la historia reciente, donde la memoria no se fija sino que se reactiva desde el presente.