El factor geopolítico irrumpe, cada vez más, en la toma de decisiones

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El conflicto bélico en Medio Oriente volvió a poner en primer plano a la política internacional como factor de riesgo. A los elementos tradicionales como la oferta y demanda mundial de los mercados, el clima o la situación económica se suma la incertidumbre por las cotizaciones de productos esenciales como el petróleo y, en el caso del agro, de los fertilizantes.

Ya en Expoagro, los directivos de las entidades por cadenas de los cultivos, que suelen tener una mirada más estratégica, decían que no se podía hablar de “beneficios” para la Argentina, en referencia a la suba de precios en Chicago. Es que un elemento se vincula con otro y lo que hoy puede servir como argumento alcista mañana gira 180° y se transforma en bajista. Esta semana Chicago dio muestras de ello: en un día la cotización de los futuros de la soja bajó US$25. Volaltilidad es la palabra más pronunciada por estos días por quienes siguen la evolución de los mercados.

“El conflicto bélico pasó a dominar los mercados en general, y su influencia en los granos es innegable. El resto de los fundamentos quedó en un segundo plano”, expresó Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral.

Planta de urea

La suba en el precio de la urea, con casi un 50% de su producción en esa zona convulsionada de Medio Oriente, pone en un cono de incertidumbre las decisiones de cientos de miles de productores agropecuarios, desde el Medio Oeste de los Estados Unidos, pasando por las planicies de Europa del Este y llegando hasta la región pampeana. En la medida en que el conflicto se prolongue y haya problemas para la circulación de combustibles, fertilizantes y granos crecen las posibilidades de un ajuste en los planes de siembra. En los EE.UU. ya se debate si habrá una reducción de la superficie con maíz y habrá crecimiento del área con soja. Brasil, que tiene una cosecha récord de soja, va a enfrentar problemas con el incremento del precio de la urea tal como los tuvo en 2022 con la invasión de Rusia a Ucrania. “El problema no es solo conseguirlos [por los fertilizantes], sino el precio, que está fuertemente presionado por el contexto internacional”, sostiene Romano

Y en la Argentina, aunque todavía falta para la siembra, ya hay inquietud por la campaña de trigo 2026/27. Tras el récord del ciclo pasado con 27,9 millones de toneladas, un escenario de suba de costos podría hacer menos atractivo al cultivo.

Cosecha de soja

Otro factor que ya está incidiendo en el país es el aumento de los combustibles en plena cosecha de granos gruesos. No solo afecta a las labores de trilla sino también al transporte.

Desde la cadena de maíz, recordaron aquello de que crisis también puede ser oportunidad y propusieron un aumento en el porcentaje de corte con el bioetanol. Esto lo expresó en Expoagro, el presidente de Maizar, Federico Zerboni.

El otro riesgo del conflicto que vislumbran los analistas es que se prolongue y provoque una recesión global en la economía.

Más allá de esos escenarios, vuelve a surgir la evidencia de una región como América del Sur, y particularmente los países del Mercosur, como zona de paz, dispuesta a garantizar la seguridad alimentaria mundial. Esto puede ser una frase de la diplomacia internacional, pero, en rigor, también debería servir como catalizadora de la solución de los problemas históricamente postergados en el agro que afectan su competitividad. En primer lugar aparece la presión impositiva, que tiene el nombre propio de Derechos de Exportación (DEX). Pese a que no cesaron los rumores de supuestas nuevas reducciones, el Gobierno ha dicho que lo hará en la medida que la situación fiscal lo permita. Es evidente que la próxima ventana de reclamos hacia una baja de las alícuotas la tendrá la siembra de trigo de la campaña 2026/27. La amenaza de costos mayores que en la campaña pasada impulsará los pedidos a las autoridades económicas.

Pero también están la infraestructura y cuestiones internas como la propiedad intelectual en semillas que, ahora, las entidades gremiales del agro quieren discutir con una propuesta propia. La definición de las nuevas autoridades de las comisiones de Agricultura del Senado y de Diputados, vinculadas al oficialismo, puede ser un indicio de que el Gobierno quiere poner al agro como uno de los ejes de las nuevas reformas que pretende impulsar. Hay una nueva oportunidad para ganar en protagonismo y elevar el nivel de la discusión.


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