El primer informe especial sobre vigilancia de enteropatógenos virales en aguas residuales del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) arrojó un hallazgo central: durante 2025 no se detectó rotavirus en ninguna de las muestras analizadas, tras un 2024 con señales ambientales del virus. La ausencia sostenida en cinco plantas depuradoras que integran desechos de millones de habitantes sugiere cese de la circulación comunitaria de este virus que es altamente contagioso que causa gastroenteritis aguda, caracterizada por diarrea intensa, vómitos, fiebre y deshidratación. El reporte fue publicado el lunes en el Boletín Epidemiológico Nacional (BEN) correspondiente a la Semana Epidemiológica 9.
El rotavirus es un virus con forma de rueda —de ahí su nombre— y es la causa más frecuente de gastroenteritis grave en los primeros dos años de vida. Suele provocar diarreas líquidas que deshidratan muy rápido a los chicos, con vómitos y fiebre. En lactantes, la eliminación viral en materia fecal puede llegar al orden de cien millones de partículas por gramo, lo que facilita la transmisión”, explicó Eduardo López, pediatra infectólogo y profesor de la Facultad de Medicina de la Unuversidad del Salvador (USAL).
El análisis elaborado por el Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI-ANLIS “Carlos G. Malbrán”) en articulación con Agua y Saneamientos Argentinos (AySA), monitoreó los afluentes cloacales que llegan a cinco plantas depuradoras: Norte, Hurlingham, Sudoeste, El Jagüel y Berazategui. El período de estudio abarca de febrero de 2024 a agosto de 2025 y se focaliza en virus que causan gastroenteritis aguda: norovirus (GI/GII), adenovirus entérico, rotavirus, sapovirus y astrovirus. “Esta estrategia innovadora permite monitorear de manera temprana la circulación de virus en la población”, subrayó el comunicado del Ministerio de Salud difundido ayer.

Para el especialista, la vía de transmisión es fecal-oral: “Manos contaminadas y superficies inanimadas —plástico, juguetes, elementos de uso común— favorecen los brotes en guarderías y jardines maternales porque el virus persiste por tiempo prolongado. La desinfección adecuada con etanol al 70% es eficaz, al igual que otros desinfectantes utilizados en salud”.
La señal de rotavirus fue intermitente y compatible con otoño-invierno durante 2024; en 2025 desapareció por completo en todas las plantas analizadas. La convergencia de resultados negativos en el conjunto del sistema de tratamiento de efluentes del AMBA constituye un indicador poblacional robusto de interrupción de la circulación, dado que el sistema capta no solo a personas sintomáticas, sino también asintomáticas y presintomáticas.
En términos sanitarios, este comportamiento se alinea con una disminución de los casos clínicos detectados para ese período, un aspecto que el informe contextualiza al destacar el valor de integrar la vigilancia ambiental con la clínica y la de laboratorio.
López pidió cautela al interpretar la ausencia ambiental: “Que no aparezca en efluentes es un dato promisorio, pero no implica que no circule en absoluto en la comunidad. El monitoreo cloacal es una foto poblacional muy útil, que debe leerse junto con la vigilancia clínica y de laboratorio”.
Mientras el rotavirus se retiró de la escena ambiental en 2025, norovirus y adenovirus entérico mostraron circulación persistente, sin un patrón estacional marcado y con comportamiento homogéneo entre plantas depuradoras. En el caso de norovirus, el sistema de cloacas registró aumentos de carga viral que anticiparon entre una y dos semanas los picos de casos de diarrea aguda notificados en la comunidad.
“El estudio de efluentes es un buen marcador para determinados virus —el ejemplo clásico es poliovirus— y sirve para detectar cambios de tendencia. Si la carga aumenta, el sistema permite ganar tiempo para ajustar vigilancia clínica, alertar a los servicios y reforzar medidas de prevención”, indicó.
El informe también documentó la presencia constante —aunque de menor frecuencia— de sapovirus y astrovirus, dos agentes causantes de gastroenteritis aguda especialmente en niños y que no forman parte de la notificación clínica obligatoria.
Su detección sostenida en el sistema cloacal aporta una ventana complementaria para estimar la carga real de enfermedad por diarreas, en un contexto donde la notificación clínica no siempre captura la totalidad de los cuadros leves o subclínicos.

Cómo se hizo la recolección
Desde el punto de vista metodológico, el estudio aplicó análisis molecular (RT-qPCR/qPCR) sobre muestras periódicas de afluentes que ingresan a las plantas de AySA. Para norovirus GII se realizó además cuantificación de la carga viral, lo que permitió correlacionar la señal ambiental con la tendencia clínica.
Según el pediatra infectólogo, el riesgo de enfermarse por el agua es muy bajo cuando la población toma agua potable de red, aun con detección ambiental de virus. “El escenario cambia donde hay pozos ciegos, ausencia de cloacas y consumo de agua de pozo; ahí el monitoreo de efluentes cobra mayor valor para detectar y responder a brotes”, precisó.
El propio reporte advierte limitaciones: la baja carga viral en ciertas semanas puede dificultar la genotipificación, y la frecuencia de muestreo y condiciones ambientales podrían impactar la sensibilidad; aun así, los patrones consistentes entre plantas sostienen la validez epidemiológica del hallazgo, en particular la desaparición de rotavirus en 2025 y la persistencia de norovirus/adenovirus en toda el área metropolitana
El objetivo es fortalecer una vigilancia complementaria a la clínica: no la reemplaza, sino que la enriquece, porque, al basarse en muestras comunitarias, aumenta la sensibilidad para detectar cambios de circulación y anticipar brotes. “Al integrar información de personas sintomáticas y también de individuos asintomáticos o presintomáticos, ofrece una visión más completa de la situación sanitaria”, sostiene el comunicado oficial
El reporte subraya que la señal ambiental de norovirus se incrementó en 2024 entre una y dos semanas antes de que se elevaran las consultas por diarrea aguda. Esa ventana operativa da margen para activar o recalibrar estrategias: reforzar la vigilancia clínica, ajustar la comunicación a servicios de salud y a la población, y priorizar intervenciones de prevención y control.
El infectólogo recordó que existe vacuna contra rotavirus incluida en el Calendario Nacional y aplicada en los primeros meses de vida. Advirtió que las coberturas de 2024 se ubicaron por debajo del 82% en la primera dosis y por debajo del 77% en la segunda, lo que —según sus cálculos— equivale a 182.491 dosis no aplicadas. “Si persiste una bolsa de población susceptible, es esperable que el virus encuentre oportunidades; por eso, este es un buen momento para recuperar esquemas atrasados”, planteó.
Los autores del informe remarcaron que la estrategia no solo es innovadora sino también escalable. En la medida en que se aumente la frecuencia del muestreo y se incorporen nuevos patógenos a la batería diagnóstica —además de consolidar análisis cuantitativos para varios blancos virales—, el sistema podrá afinar su capacidad para correlacionar señales ambientales con tendencias clínicas y emitir alertas con mayor resolución temporal y territorial. La experiencia del AMBA funciona como piloto de una vigilancia ambiental que, integrada con datos clínicos y de laboratorio, puede acelerar decisiones y reducir brechas de oportunidad en escenarios cambiantes.