Simple, pero contundente: la iniciativa para que la sociedad homenajee a los veteranos de Malvinas con un gesto cotidiano

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A 44 años del regreso de los excombatientes de Malvinas, una campaña nacional busca correr el homenaje de los actos formales y llevarlo a la calle, al tránsito cotidiano y al gesto espontáneo. La propuesta, impulsada por Javier Sánchez de la Puente, apunta a que cualquier persona pueda reconocer a un veterano y agradecerle con una señal simple: tres bocinazos cortos, un pulgar hacia arriba y una sonrisa.

La iniciativa se presenta en el marco del 44° aniversario del regreso de los soldados de las Islas Malvinas y parte de una consigna directa: “El homenaje lo hacemos entre todos”. Para eso, se prevé la entrega gratuita en todo el país de calcos con la inscripción “Veterano de Malvinas”, destinados a excombatientes que se acerquen a los puntos de distribución.

La lógica de la campaña es concreta: cuando un auto o una camioneta lleve esa insignia, la invitación es a que otros conductores o peatones hagan ese gesto de reconocimiento. En el mensaje de difusión, los impulsores sostienen que esa escena puede convertirse en una forma cotidiana de gratitud: “Ese gesto al veterano le va a llegar como reconocimiento, como gratitud y como orgullo”.

El mismo texto insiste en que se trata de una acción sin costo y de alto impacto simbólico: “Cuando veas este calco en un auto… es un veterano de guerra de Malvinas. Bajá tu ventana, tocá bocina, levantá el pulgar hacia arriba y decile ‘gracias’. Hagamos sentir a nuestros veteranos nuestro orgullo por ellos, hagamos que este abril se sientan reconocidos y valorados. Un gusto enorme, que no tiene costo, pero sí impacto. Sentite argentino, sentite orgulloso. Malvinas nos une”.

En diálogo con LA NACION, Sánchez de la Puente –que está formado en finanzas y es oficial de reserva del Ejército Argentino– explicó que desde hace 14 años trabaja en acciones específicas para los veteranos de manera independiente y que esta idea surgió de una convicción personal sobre el lugar que todavía ocupa la guerra en la vida social argentina. “Es una campaña que estoy lanzando yo. Voy a hacer 25.000 calcos para que los veteranos sean identificables”, dijo.

Según contó, convocó a amigos de su club, el Champagnat, y de su colegio –vinculados al rugby y, según definió, a un ámbito “muy malvinero”– para reunir aportes económicos. “Cuando vienen el fin de semana, los partidos, me dan su contribución, ya sea para un calco, para cien, para mil”, señaló.

El impulsor sostuvo que, a su entender, “el Estado hizo lo que tenía que hacer con los veteranos”, en referencia a pensiones y reconocimientos institucionales, y que ahora falta una respuesta social más visible. “Nosotros como sociedad hasta ahora no hicimos nada”, afirmó. En ese sentido, planteó que muchas veces persiste la idea de que hablar de Malvinas con un veterano puede reabrir un dolor, y que ese silencio termina siendo leído como “indiferencia” o “vergüenza”.

Javier Sánchez de la Puente tiene fuertes vínculos con los veteranos

La campaña, dijo, tuvo una rápida recepción. Sánchez de la Puente contó que ya habló del tema en Radio Rivadavia y en emisoras del interior, y que recibió una respuesta “con una potencia tremenda” porque la propuesta “es muy fácil”. También anticipó que los calcos podrán retirarse en distintos puntos del país –mencionó, entre otros, Radio Rivadavia, una compañía de combustible que aún no confirmó públicamente y dos bancos— en los que el veterano podrá acreditar su condición con el documento que lo identifica como “Héroe de Malvinas” y recibir el adhesivo de manera gratuita.

El espíritu y los tres bocinazos

Para el creador de la iniciativa, la escena que imagina resume el espíritu de la campaña: un veterano yendo en auto con su familia, recibiendo bocinazos y sonrisas, y un nieto preguntando por qué lo saludan. “Me sonríen porque soy veterano de guerra y están orgullosos de mí”, describió.

También explicó el sentido de los tres bocinazos. El primero, dijo, es “en gratitud” al veterano; el segundo, “por los 649 muertos durante la guerra y los que murieron después por sus heridas del alma”; y el tercero, por las familias de quienes combatieron. “Para la familia del veterano es muy doloroso: para la madre, para la novia, para el hijo, para el hermano que perdió a alguien allá y para la familia que volvió, porque es muy difícil acompañar a un veterano; han sufrido lo mismo, igual o más”, consideró.

Con esa premisa, la campaña busca discutir, desde una práctica mínima, décadas de silencio y “desmalvinización”: no como reemplazo de las conmemoraciones oficiales, sino como una forma de reconocimiento directo, diario y visible. “Es un gesto muy cortito, pero muy potente”, resumió Sánchez de la Puente.


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