Competencia de encierros

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Chiquito y veloz. Vertiginoso y pleno de delirios. Así pasó febrero. Ya sé, estamos en la Argentina; la coherencia se la podemos dejar a países más estructurados que no saben cómo divertirse. Veremos si esta noche, el presidente libertario mantiene la compostura verbal o inaugura el tercer año legislativo de su mandato imprecando a diestra y siniestra, con tono rockero en horario estelar. Por su temperamento, debe ser muy difícil esquivar la tentación de mofarse de los “kukas”, tras la fractura del peronismo en el Senado por primera vez desde el regreso de la democracia.

Bajemos la ansiedad, faltan pocas horas para ver qué sorpresas nos prepara Javier Milei para lo que queda de 2026 y qué replicará la oposición. Podemos dedicarnos un rato a revisar algunas situaciones hilarantes que deberíamos tomar algo más en serio. Aunque parezca algo ajeno a la política, que Andrea del Boca haya decidido entrar a la casa de Gran Hermano, parece una competencia casi desleal para con su líder espiritual: Cristina Kirchner. Aunque sin tobillera electrónica, la actriz parece decidida a quitarle la centralidad en las redes sociales.

En las primeras horas de su nuevo protagónico y sin galán a la vista, ya le habló a una almohada, creyó ver a su padre y factótum de su carrera profesional y, si es cierto que es fanática de la limpieza, la tendremos asida de una mopa dando órdenes para que la casa esté impecable. A Cristina ya la vimos sartén en mano en los primeros días de su prisión domiciliaria.

La diferencia en el “ostracismo” entre ambas damas del kirchnerismo es que Del Boca no tiene balcón para ser aplaudida por simpatizantes y hasta que termine ese juego mediático, se supone que no sabrá lo que pasa afuera. Solo será “contenida” por los demás participantes del juego, que busca tener un solo ganador. En esa competencia, Cristina ya le lleva un triunfo de varios meses.

Lo delirante de la situación es que las primeras actitudes de la actriz de Papá Corazón han despertado curiosidad positiva en las redes sociales. Está bien hablarle a una almohada si se es kirchnerista, pero es peligroso que el presidente anarcocapitalista dialogue con Conan, su mastín que murió en 2017. En épocas de therians, nada debería sorprendernos. Por eso, hasta pasa casi como elogio el crítico comentario de Axel Kicillof a Milei: “Es un corso a contramano”. Lo dice el estatista bonaerense para diferenciarse del liberador de mercado. ¿Ya se largó la campaña para 2027 y estamos distraídos en TikTok?


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