Las mentiras de Cristina Kirchner y su abogado

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Cuando terminó la feria judicial de enero y se retomaron las audiencias virtuales de la causa Cuadernos, el 3 de febrero se dio inicio formal a una etapa técnica en la que las defensas de los imputados plantean las llamadas “cuestiones preliminares”. Se trata de un momento en el que los abogados interponen mecanismos de defensa y se plantean antes del juicio principal para resolver obstáculos formales o excepciones, como la falta de competencia del tribunal y nulidades, entre otros recursos.

Carlos Beraldi, el defensor de Cristina Kirchner monopolizó el inició la rueda. Y fue entonces cuando volvió a reeditar viejos y remanidos cuestionamientos sobre cuestiones que lo han convertido en un gran perdedor procesal. De hecho, desempolvó varios puntos en los que no ha dejado de sumar derrotas desde la primera instancia judicial hasta la Corte Suprema. Por ahora, todos los planteos ya fueron resueltos.

Uno de ellos, por caso, es el ataque a la figura del “imputado colaborador” o arrepentido, como se los conoce. Este punto fue tratado en la causa y sus argumentos se desecharon en todas las instancias judiciales, de la primera a la última. También anunció el pedido de la nulidad de lo actuado hasta el momento y lo hizo a partir de una circunstancia novedosa: la sentencia dictada el 15 de septiembre de 2025 por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal 8, en la causa seguida a Marcelo D’Alessio.

Ese proceso se inició ante el Jugado Federal de Dolores, por entonces a cargo del cuestionado magistrado Alejo Ramos Padilla. En aquel expediente, D’Alessio procuraba extorsionar con fines de lucro a determinadas personas fraguando contar con incidencia supuesta sobre el destino de ciertas causas penales. Y, para hacerlo, simulaba ante sus víctimas una influencia con la que definitivamente no contaba. Tanto es así que, si bien el juez federal de Dolores vinculó como imputado al inicio del proceso al fiscal de la causa Cuadernos, Carlos Stornelli, más adelante, tanto fiscales como magistrados -la Cámara Federal de Apelaciones de Mar del Plata y luego la porteña- lo desvincularan del expediente. Primero se dictó falta de mérito. Los sobreseimientos posteriores fueron confirmados en las instancias revisoras hasta la Corte de Justicia de la Nación. Todas esas resoluciones quedaron firmes y con carácter de cosa juzgada. Sin embargo, a lo largo de toda su extensa alocución al retomarse el juicio oral, Beraldi describió los hechos de aquella sentencia dictada contra D’Alessio como si hubieran sido cometidos por Stornelli en calidad de autor y que D’Alessio se hubiera tratado de su emisario.

Beraldi repitió una y otra vez que él no hacía “ninguna conjetura” y que todo esto “surgía de la sentencia (…) Son tan terribles las cosas que estoy contando que hasta me avergüenzo yo de ver hasta qué nivel se llega”, dijo desvergonzadamente. Así, el abogado de Cristina Kirchner ocultó una y otra vez a los magistrados del Tribunal Oral en lo Criminal Federal 7 la verdad de lo ocurrido. Por mucho menos que lo hecho por este abogado, en un tribunal de los Estados Unidos se lo privaría de la matrícula de abogado.

Litigar en los tribunales no permite a los abogados engañar a los jueces. En nuestro sistema, solo los imputados gozan del principio de “incoercibilidad” y no están obligados a decir la verdad, pero los abogados deben actuar con lealtad procesal, probidad y buena fe, todos ellos atributos de los que careció el encendido discurso retórico de Beraldi, esforzado en mostrar como dotados de gravedad institucional a lo que no fueron sino hechos de un particular -D’Alessio- en los que el fiscal Stornelli no tuvo participación punible alguna.

Tan poco ético fue el letrado que, al cerrar su alegato, no se privó de pedir la nulidad de lo actuado sobre la base de lo que -según sus dichos- sería “la acusación de un fiscal [Stornelli] que comete este tipo de actos con todas las irregularidades que vimos…”. Beraldi habló también de la “estafa de los arrepentidos”, pero en esa exposición la única estafa fue lo que él les ocultó a los magistrados que pacientemente debieron escucharlo.

Además de la oprobiosa estrategia de Beraldi, los abogados de Roberto Baratta y Julio De Vido apuntaron a la prueba. Una vez más hablaron de la veracidad o no de los cuadernos y volvieron sobre la declaración del chofer Oscar Centeno cuando dijo que había quemado ese material, pese a que después apareció. Los letrados nada dijeron que antes de que empiecen las audiencias, el Tribunal encargó un peritaje sobre los originales que fue presentado en agosto del año pasado. Se trata de un proceso científico y no de una mera interpretación de dichos. Esas pruebas confirmaron la autenticidad de los “cuadernos de las coimas”, determinando que Centeno fue el autor principal de los textos que detallan la red de sobornos que tiene como principales acusados a funcionarios de aquel gobierno. De eso no hablaron.

Como se dijo, la etapa de cuestiones preliminares es un paso necesario para depurar el proceso. En este caso, salvo que aparezca algún hecho nuevo, todo ya ha sido resuelto en instancias previas. Pero el derecho argentino es así: da oportunidad a los abogados de argumentar las mismas cosas en diferentes momentos del juicio, aunque los que vociferan en voz alta una y otra vez las mismas cuestiones, como por caso Beraldi, acumulen años de derrotas procesales.


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