Boca sigue sin juego y sin gol: Riquelme había exigido una reacción, pero los hinchas reprobaron con silbidos

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En la semana en que Juan Román Riquelme exigió una reacción tras la derrota ante Vélez en Liniers, en la que los referentes volvieron a respaldar a un cada vez más cuestionado Claudio Ubeda y la dirigencia intentó sacudir el mercado para maquillar un arranque de año errático, Boca volvió a quedar en deuda: otra actuación opaca, otro paso en falso y apenas un empate frente a Platense en la Bombonera, donde hasta aquí solo había perdido dos de nueve partidos en el ciclo. El final fue una síntesis cruda del momento: silbidos generalizados, murmullos de hartazgo y un claro malestar dirigido también a la dirigencia.

Boca es un equipo bipolar. Bajo el mando de Ubeda sumaba diez victorias y cinco derrotas, un dato que refleja sus constantes altibajos. Puede ofrecer una actuación medianamente convincente como ante Newell’s, donde aprovechó los errores del rival y ganó sin sufrir, pero también mostrar una cara muy distinta, como el domingo pasado en el Amalfitani o en este pálido empate con Platense: sin reacción, sin una idea clara y un futuro sembrado de interrogantes.

Cavani volvió después de 77 días pero no pudo ayudar ofensivamente a Boca

Las lesiones, es cierto, le impidieron al entrenador consolidar una base estable, y un mercado de pases armado sobre la marcha, más por necesidad que por planificación, tampoco ayudó a darle continuidad al equipo. Sin embargo, más allá de esos atenuantes, Boca todavía no mostró un rumbo futbolístico: no logra sostener un estilo definido ni una forma reconocible de jugar que vaya más allá de las corridas por izquierda de Exequiel Zeballos -hoy desgarrado- o la pelota parada a cargo de Leandro Paredes.

Esta vez, ninguna de esas alternativas funcionó. En un flojísimo primer tiempo, Boca apenas generó un tiro de esquina que, lejos de generar peligro, ocasionó una contra peligrosa de Platense. Aun sin extremos naturales, Ubeda apostó por repetir el dibujo con Ángel Romero y Lucas Janson por fuera y el retornado Miguel Merentiel como punta. El resultado fue el previsto: ninguno desniveló en velocidad, fueron fáciles de marcar y cada cual atendió su juego: el paraguayo, con una marcha menos y dificultades para dominar la pelota, insinuó más de lo que concretó. Merentiel, a destiempo, corrió y luchó, pero casi siempre lejos de la jugada. Janson, con tendencia a cerrarse, no explotó el tándem con Lautaro Blanco aunque contó con la única clara de Boca en la primera mitad, que llegó justamente en la única acción en la que los de arriba lograron asociarse: centro combado de Romero y cabezazo con poco ángulo bien controlado por Matías Borgogno.

Zapiola domina la pelota ante la mirada de Di Lollo y Ascacibar

Con orden, sacrificio y rigor táctico, Platense atravesó el primer tiempo sin mayores sobresaltos. Incluso estuvo cerca de abrir el marcador con un remate de Juan Saborido que dio en el palo, tras un leve desvío en Juan Barinaga, con Agustín Marchesín ya vencido. También reclamó un penal por una mano del lateral, que amplió el volumen del cuerpo para bloquear un envío.

En Boca volvió a fallar el triple cinco, integrado por Santiago Ascacíbar, Leandro Paredes y Williams Alarcón. No hubo fluidez, costó recuperar la pelota y, ante un Platense firme en la mitad de la cancha, el equipo terminó jugando demasiado hacia atrás, alimentando la impaciencia del público, que al cierre del primer tiempo despidió al equipo entre reproches e indiferencia.

La primera jugada del complemento fue una postal del momento que atraviesa Boca: para quedar mano a mano con el arquero necesitó de un error en el fondo de Platense. Un pase atrás de Maximiliano Amarfil dejó mal parada a la defensa y le dio la chance a Janson, pero tampoco pudo convertir. Poco después, el exVélez dejó la cancha en medio de una reprobación generalizada.

Ubeda no encuentra respuestas ante otro flojo partido de Boca en el torneo Apertura

En medio de la escasez, Ubeda no tardó en mover el banco: Boca encaró la última media hora con dos juveniles –Tomás Aranda y Gonzalo Gelini- y el sorpresivo ingreso de Edinson Cavani, que reaparecía después de 77 días. En la entrada en calor casi no había hecho trabajos en el campo y hasta se lo vio sentado sobre una heladerita. Sin embargo, el 10 entró y enseguida generó dos chances: un cabezazo que se fue alto y un mano a mano que definió con tanta sutileza que le dio tiempo a Ignacio Vázquez a recuperarse y despejar sobre la línea. De todos modos, la maniobra estaba invalidada por posición adelantada.

No alcanzó para contentar una Bombonera al borde del colapso. El “movete, Xeneize, movete…” bajó desde la popular y no pudo ser disimulado por una barra que no reflejó el malestar del hincha común.

Lo mejor del partido

Empujado por el contexto, Boca intentó instalarse en campo adversario y sacar provecho de los envíos cruzados de Paredes. Con una molestia en el tobillo derecho, el volante no tuvo el despliegue de otras tardes y jugó casi exclusivamente como lanzador, con poca participación en el juego, hasta que Ubeda decidió reemplazarlo sobre el final. Desde ese momento, Boca perdió el único argumento ofensivo que tenía y volvió a caer en lo mismo: pases laterales, centros anunciados y poca claridad para lastimar.

Otro capítulo deslucido de Boca, que no logra salir del pozo y encara la recta final hacia la Libertadores con todas las patas de la mesa en discusión, y con el margen de error cada vez más reducido.


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