Sombra bien diseñada: pérgolas y galerías con plantas que transforman el jardín en un refugio para todo el año

COMPARTIR

La sombra es uno de los materiales más nobles —y más ignorados— del diseño exterior. No se compra en viveros ni se instala en obra gruesa, pero determina la vida real del jardín. Un espacio sin sombra es postal; con sombra, es permanencia. Allí donde se puede almorzar a las dos de la tarde o leer sin entrecerrar los ojos, el jardín deja de ser decorativo para volverse cotidiano.

Las pérgolas vivas no sólo protegen del sol: crean un techo cambiante que florece, perfuma y permite que la luz se filtre en invierno. Una arquitectura blanda que evoluciona con el tiempo.

Con una pérgola liviana de tubos estructurales (preparada para recibir un policarbonato a futuro, si se quisiera), deck y listones de WPC (Mundo Terrazas), generan un entorno inmersivo en el jardín al resguardo

Diseñar sombra implica comprender orientación, clima y uso. No toda protección es igual. Una lona tensa resuelve urgencias, pero una pérgola viva construye paisaje. La diferencia está en el tiempo y en la textura.

Una glicina adulta genera un techo denso y perfumado en verano, pero permite que el sol invernal atraviese sus ramas desnudas. La parra suma frutos y sombra generosa. Un jazmín aporta aroma nocturno. La sombra vegetal es dinámica, cambia, crece, se mueve con el viento.

 Clásico que nunca pasa de moda, en esta finca en Sudáfrica la parra y los pisos de piedra se conjugan con austeridad y elegancia. Siguiendo la línea, un juego de mesa y bancos con pies de hierro y tablones rústicos de madera ofrece un rincón perfecto para tomar algo fresco o comer en verano

Las galerías profundas, tan presentes en la arquitectura argentina, vuelven a cobrar protagonismo. Son transición térmica, espacio social y mirador verde. Cuando se combinan con plantas colgantes, macetas de gran porte o enredaderas laterales, dejan de ser simple techo para convertirse en microclima doméstico. Allí la temperatura desciende varios grados y la luz se vuelve amable, filtrada, casi pictórica.

Una Santa Rita en flor protege y viste la galería de entrada a la casa

También existen las sombras mínimas, aquellas que se construyen con árboles estratégicamente ubicados. Un jacarandá en flor, una tipuana generosa o un fresno joven pueden ordenar todo un patio. No se trata sólo de cubrir, sino de dibujar luz sobre el suelo, de permitir que el sol se cuele en manchas irregulares que aportan frescura visual.

La sombra también es espacio social. Bajo una galería profunda, el jardín se convierte en comedor, sala de estar y refugio climático donde la vida se extiende hacia afuera sin esfuerzo.

Detrás del diseño del jardín estuvo la paisajista Josefina Cardoso

Un buen jardín de verano no es el que más florece, sino el que invita a quedarse cuando el calor aprieta. Y eso se logra entendiendo que la sombra no es ausencia de sol: es diseño de luz inteligente.

Las sombras moteadas refrescan incluso antes de que baje la temperatura. El ojo percibe alivio, y el cuerpo lo confirma.

El la Planta Baja de un edificio de Recoleta, la casa del fotógrafo Ezequiel Rohr tiene un patio con una fuente que se potenció con el diseño de Peri Lanfranco y Flora Groppo, del estudio PyF Paisajismo

Agradecemos a LIVING su colaboración en esta nota.


COMPARTIR